En la Costa Caribe, donde las empresas crecen en medio de dinámicas laborales retadoras —alta rotación, informalidad y presión operativa—, las decisiones sobre talento suelen tomarse con rapidez. Sin embargo, hay un factor silencioso que muchas veces no entra en la ecuación: el tiempo como riesgo jurídico.

Una reciente decisión de la Corte Suprema de Justicia volvió a poner claridad sobre el plazo de tres años para reclamar una indemnización por despido sin justa causa, el cual comienza a correr desde el momento exacto en que termina el contrato de trabajo. No desde una reclamación posterior ni desde una eventual discusión, sino desde la terminación misma.

Para un líder, tener claridad sobre este punto permite delimitar riesgos, proyectar contingencias y, sobre todo, tomar decisiones con información más precisa. En otras palabras, convierte un frente incierto en uno medible.

El problema es que, en la práctica, muchas organizaciones aún operan sin esa disciplina. Terminaciones mal documentadas, procesos poco estandarizados o decisiones tomadas bajo presión pueden abrir la puerta a reclamaciones que, aunque eventualmente prescriban, generan costos en tiempo, reputación y foco directivo.

Por eso la conversación debe evolucionar. La gestión laboral no puede limitarse a reaccionar ante conflictos; debe anticiparlos. Y anticipar implica entender que cada despido no solo cierra un ciclo operativo, sino que abre una ventana de riesgo que debe ser gestionada estratégicamente durante los años siguientes.

En el Caribe, donde el crecimiento empresarial exige agilidad, la tentación de “resolver rápido” es alta. Pero la verdadera eficiencia no está en la velocidad, sino en la capacidad de hacer las cosas bien desde el inicio: documentar correctamente, comunicar con claridad y dejar trazabilidad de cada decisión.

Ahora bien, este precedente plantea un reto de liderazgo. Más allá del cumplimiento normativo, las empresas que marcan la diferencia son las que gestionan sus relaciones laborales con transparencia. Informar al trabajador sobre sus derechos, actuar de buena fe y cerrar los procesos de manera ordenada no solo reduce riesgos, sino que fortalece la reputación corporativa en mercados.

En últimas, entender cuándo empieza a correr el tiempo no es solo una precisión jurídica. Es una ventaja competitiva. Porque en la gestión empresarial moderna, los riesgos no se eliminan: se administran. Y quienes lo hacen mejor no son los que reaccionan tarde, sino los que saben, desde el primer momento, cuándo empieza a correr el reloj.

* Abogada líder Derecho Laboral, Seguridad Social y Auditorías – Scola Abogados.