El mundo definitivamente cambió y me doy cuenta de eso cuando veo que muchas de las cosas que me enseñaron ya no interpretan la realidad, no son efectivas en su intervención o simplemente ya son consideradas obsoletas; y todo eso se me presenta como un reto que debo asumir a diario: estar renovándome constantemente, aprendiendo y desaprendiendo en libertad y con conciencia. Es vivir en la dinámica de la conversión (metanoia), es decir, vivir renovándonos. Y creo que ese proceso implica algunas actitudes de vida muy concretas, hoy quisiera mencionar 4 de ellas:
1.1. Conexión consciente con la realidad. Tengo claro que no puede renovarse el que vive en automático, el que esta “dormido” y no tiene conciencia del impacto que tiene la realidad en su esencia. Esto requiere pararse firme en el presente y reconocer lo que se tiene aquí y ahora para poder identificar aquello en lo que se necesita renovarse.
2.2. Humildad real. La necesitamos para reconocer que podemos estar equivocados y que en ocasiones requerimos rehacer nuestras creencias, pautas mentales y estructuras emocionales. Hay que tenerlo claro: no porque hayamos hecho algo siempre, está bien hacerlo hoy. Sepamos que somos mucho más que nuestros pensamientos y emociones, y que cambiar algo no implica perder nuestra esencia.
3.3. Reflexión y análisis profundos. Una de las características de la sociedad moderna es que la industria del entretenimiento y el sistema de consumo nos mantienen “dormidos” en prácticas superficiales. Para poder vivir procesos de renovación necesitamos parar, profundizar y cuestionar. Es vivir despiertos, sabiendo los impactos y consecuencias que nuestras acciones tienen. Sí, hay que saber viajar al interior y entenderlo para cambiar desde dentro, allí inician los cambios verdaderos.
4.4. Compasión con los otros. La vida de los demás también va cambiando y requieren encontrarse con nuestra empatía y no con nuestra indiferencia o rigidez que los juzgan. No vivimos solos y nuestros esquemas influyen en los otros y por eso tenemos que cambiar.
Entiendo que el llamado al cambio nos genere miedos y que a veces preferimos justificarnos o culpar la realidad que renovar y ajustar la manera en la que vivimos. Los que somos creyentes en el proyecto existencial de Jesús de Nazaret, creemos que la acción del amor de Dios (Espíritu Santo) actúa -si lo dejamos- para renovarnos. Dejarlo actuar es tal vez la mejor acción de un creyente.
Este tiempo de reflexión y celebración de la vida y la fe puede ser una provocación para tomar conciencia de lo mucho que tenemos que renovar y desaprender.
@Plinero








