Cuando eres líder, te conviertes en un referente de comportamiento para otros. Tu equipo y toda la organización te observan, y esto me lleva a la pregunta: ¿Cuál es el impacto que quieres dejar en las personas que trabajan contigo?

Es una pregunta que me hago con frecuencia para mantenerme consciente y seguir madurando en el tiempo. No siempre he sido la misma líder; sin duda, he aprendido de mis experiencias en diferentes compañías y con distintos equipos.

Podría decir que, como cualquier ser humano en constante aprendizaje, he ido transformando y puliendo ciertas aristas… pero sigo siendo una líder en construcción.

Hace poco me hicieron la pregunta: “¿Cuál es mi sabor?”. Para responderla pensé en cuál quisiera que fuera esa característica que cualquier persona que hubiera trabajado conmigo pudiera identificar fácilmente. Para mí, esa característica es la calidad humana en el ejercicio del liderazgo.

Hay varias características que reconozco como clave:

Tratar a las personas con respeto: Esto se evidencia, especialmente, en los momentos en que las cosas no salen bien. Recordar que tienes enfrente a un ser humano es clave. Aun ante el error, el respeto debe prevalecer. Dar feedback cuidadoso, en privado y centrado en el hecho puntual, sin juicios de valor sobre la persona.

Ser justo: Reconocer el mérito, asumir responsabilidades cuando las cosas no resultan como se esperaba y evitar señalar culpables.

Escuchar de verdad, Hacer sentir al equipo que su voz importa, incluso cuando no estés de acuerdo. Dar espacio a la controversia, escuchar sin distracciones y, sobre todo, sin querer imponer tu posición.

Preocuparse por las personas, no solo por los resultados: Entendiendo que el equipo está formado por seres humanos con historias, retos y situaciones difíciles. Conocer a la persona detrás del colaborador: su familia, temores, sueños y todo aquello que moldea su humanidad.

Compartir el crédito y proteger al equipo: Pocas cosas desmotivan más que un líder que se apropia de los logros de su equipo.

Reconocer el trabajo colectivo es fundamental. Y cuando las cosas no salen bien, es invaluable sentirse respaldado por un líder que da la cara.

Ser coherente: La coherencia es el mayor generador de confianza. Su ausencia, por el contrario, destruye la imagen y el valor de un líder.

Ayudar a crecer: No hay nada más satisfactorio que ver a tu equipo brillar, contigo o en nuevos retos. Enseñar, dar retroalimentación y generar oportunidades y exposición es esencial para su desarrollo.

Generar un ambiente humano: Donde la calidez, el humor y la camaradería tengan un lugar y sean valorados.

Ser humilde y reconocerse humano: Esto se hace tangible cuando admites tus errores o tu desconocimiento en ciertos temas. Te equivocas —en el trato, en los conceptos— y lo expresas sin temor.

Esto bien podría resumirse en: humanidad, integridad y habilidad para desarrollar a otros.

¡Ahora, es posible que todo esto lo sepas! pero también hay una pequeña trampa, debes ser genuino, estos comportamientos deben nacer de ti y no ser una actuación para parecer algo que no eres.

Hay una gran diferencia entre “ser encantador” y ser realmente un buen ser humano.

Esto se nota en detalles como comportarse impecablemente con superiores, pero no con su equipo o con personas de menor jerarquía; culpar a otros; criticar constantemente; o moverse estratégicamente para quedar bien.

Si identificas algo de esto en ti, te invito a trabajarlo. Aunque no lo creas, las personas lo notan —y mucho— y eso luego pasa factura.

También existe una línea delgada entre ser buena persona y ser ingenuo. La realidad es que hay personas cuyos comportamientos pueden darte algunas señales para que estés atento: una cercanía exagerada, admiración sobreactuada, hablar mal de otros, compartir información confidencial o un afán desmedido por estar en todos los espacios estratégicos.

Si ves varios de estos patrones juntos, presta atención y marca límites más claros. La sabiduría del liderazgo está en encontrar el equilibrio entre confiar y no ignorar señales que pueden resultar dañinas para el equipo.

Si alguna vez has sido traicionado, tómatelo como una oportunidad para convertirte en un líder más perceptivo y justo. Podrás estar en paz sabiendo que diste lo mejor de ti.

El reto está en aprender incluso de las experiencias difíciles, y crecer en criterio y sabiduría. Es preferible equivocarse confiando que convertirse en alguien que no confía en nadie.

Para cerrar, solo quiero dejarte un reto: trabaja para ser un líder que inspire a través de sus acciones y de su coherencia. Ese líder del que, con los años, tu equipo pueda decir: me enseñó mucho, creyó en mí, fue justo y siempre me trató con respeto.

La huella más profunda del liderazgo es humana, no solo profesional.

Y aprovecho para agradecer la fortuna de haber estado acompañada siempre por líderes maravillosos que me han hecho una mejor persona y profesional. Ellos saben quiénes son; siempre están en mi corazón.

*Vicepresidenta de Talento Humano en DAVIbank