La democracia no es una condición permanente; es una práctica que se renueva en cada elección. Hoy Colombia tiene la oportunidad de renovar y fortalecer la suya a través de un ejercicio esencial: el voto para Cámara y Senado y, por supuesto, las consultas cuyos resultados podrán mover el tablero político de las próximas elecciones presidenciales.

Los niveles de abstencionismo en Colombia han sido históricamente preocupantes. En 2022, en las elecciones al Congreso, no votó el 51,25 % del censo electoral. Una cifra que ojalá se reduzca significativamente en la jornada electoral de hoy.

Que más de la mitad de las personas llamadas a votar no participen en uno de los momentos más decisivos para el país no es un hecho menor. Por el contrario, evidencia los riesgos que el abstencionismo supone para el ejercicio pleno de la democracia. Entre las razones por las que muchos colombianos no votan se encuentra la desconfianza institucional: esa idea arraigada de que votar no sirve para cambiar las decisiones públicas o las dinámicas de poder.

Seguramente cualquier lector de esta columna ha escuchado a alguien decir que votar es perder el tiempo. Sin embargo, ocurre exactamente lo contrario: es el abstencionismo el que amplía el margen para el clientelismo y la política transaccional.

También es necesario reconocer otra realidad: muchos colombianos no votan por los riesgos que implica hacerlo en territorios atravesados por disputas armadas, donde la presencia de grupos criminales hace, de facto, imposible que las personas puedan decidir libremente por quién votar o incluso que puedan acudir a las urnas. También hay que votar para cambiar esta realidad y hacerlo por aquellos que a los que la violencia no les deja ninguna opción.

La abstención no es silencio político: es delegación de poder. Es desconocer que votar constituye uno de los mayores actos de dignidad cívica que ofrece la democracia. En un país tan profundamente desigual como Colombia, el voto de cada ciudadano tiene exactamente el mismo peso. Hoy es un día para apostarle a la democracia. Un día para votar en familia, para mostrarles a los más jóvenes la importancia de asumir responsabilidades cívicas y para invitar a los miembros de nuestra comunidad a participar activamente en la construcción del futuro del país.

Colombia merece ciudadanos comprometidos, dispuestos a asumir su papel en la vida pública y a ofrecerles a las futuras generaciones la esperanza de que la institucionalidad y la democracia pueden mantenerse vigentes, incluso en medio de las crisis que hoy enfrenta la nación.

Las elecciones no son un simple trámite del calendario político. Son el momento en que una sociedad decide si quiere seguir siendo protagonista de su destino o dejar que otros lo decidan por ella. Este domingo, votar no es solo elegir: es asumir la responsabilidad de vivir en democracia. Ojalá los resultados sean favorables para el país y que los ciudadanos voten con visión de futuro, pensando en lo que verdaderamente necesita Colombia.

@tatidangond