Mientras en Colombia seguimos discutiendo si el carbón es “bueno” o “malo”, China discute cuántos gigavatios adicionales necesita para sostener su industria. Entre 2022 y 2025, China no solo mantuvo su parque termoeléctrico a carbón: lo expandió de manera estratégica. En 2022, se aprobaron o propusieron alrededor de 146 GW de nuevos proyectos a carbón. En 2023, aunque el ritmo bajó, aún se movían cerca de 117 GW en permisos y propuestas. En 2024, inició la construcción de 94,5 GW de nuevas centrales a carbón concentrando más del 90 % de las termoeléctricas a carbón en el mundo ese año. En 2025, lejos de detenerse, el país puso en operación del orden de 80 GW adicionales, mientras seguían aprobándose nuevos proyectos (alrededor de 70–75 GW en el primer semestre). Además, mantiene cerca de 290 GW en diferentes fases de desarrollo (permitidos o en construcción).

Para entender la magnitud de esto, Colombia tiene una capacidad eléctrica instalada de solo 20 GWp, es decir, no estamos hablando de anuncios marginales, estamos hablando de expansión estructural. Todo esto ocurre mientras China es simultáneamente el mayor instalador mundial de parques solares y eólicos del planeta. Pero entiende algo fundamental: la industrialización requiere energía firme, abundante y gestionable.

De esto, surge una pregunta incómoda ¿por qué ellos pueden usar su carbón para industrializarse y nosotros debemos dejar el nuestro bajo tierra? Colombia no es una potencia industrial, exportamos materia prima y compramos productos con alto valor agregado. Vendemos carbón térmico, pero importamos acero, fertilizantes, maquinaria pesada y tecnología.

China usa carbón para fabricar acero, paneles solares, turbinas eólicas y baterías. Es decir, utiliza energía fósil para construir el sistema energético renovable global. Nosotros exportamos el carbón que alimenta ese proceso y luego compramos los productos terminados. ¡Ahí está la paradoja! no se trata de negar el cambio climático, se trata de entender que la transición energética es, ante todo, una transformación industrial masiva y la industria pesada no opera con discursos, opera con energía en firme disponible 24/7.

Satanizar la minería y la generación a carbón en un país que aún no ha consolidado su base industrial es, en el mejor de los casos, ingenuo y es un freno estructural al desarrollo. Sin energía firme no hay siderurgia. Sin siderurgia no hay maquinaria. Sin maquinaria no hay transformación productiva. El carbón no es el destino final, pero, tampoco es el enemigo real del desarrollo, Es un instrumento, eso diferencia la realidad del desarrollo Chino y la falta de oportunidades de la moralidad nuestra. Ellos planifican su transición desde la seguridad energética y la expansión industrial para mejorar la calidad de vida de la gente, nosotros la debatimos desde la restricción productiva que nos lleva a un fracaso económico, mientras tanto, la brecha tecnológica se amplía. La pregunta es si vamos a transitar produciendo industria o produciendo discursos. Recordemos que Colombia antes que salir del carbón debe salir de la pobreza.

*Observatorio de Transición Energética del Caribe OTEC – Universidad Areandina