La resiliencia es una de esas “nuevas” palabras, de las que creemos saber lo que significa, pero que realmente no sabemos cuándo y en cuáles situaciones utilizar. Todos sabemos que la vida está llena de situaciones inesperadas, pérdidas y desafíos que ponen a prueba la estabilidad emocional y mental de las personas, y, frente a estas situaciones, la resiliencia se convierte en la capacidad fundamental para adaptarse, resistir y recuperarse.
La Asociación Americana de Psicología la define como “el proceso de adaptarse con éxito a experiencias difíciles o desafiantes de la vida, especialmente mediante la flexibilidad mental, emocional o conductual”. Concebir la resiliencia como un proceso implica reconocer que está formada por decisiones, hábitos y estrategias organizadas que persiguen un objetivo claro: afrontar el estrés, recuperarse de los contratiempos y seguir avanzando.
Diversos estudios que se conocen han identificado tres pilares claves que sostienen la resiliencia y nos facilitan la superación de los obstáculos:
- Las habilidades adaptativas se refieren a la forma en que una persona piensa, reacciona y se comporta ante los desafíos, igualmente, a su capacidad para resolver problemas. Por ejemplo, un estudiante pierde un examen importante y una respuesta resiliente implicaría analizar qué falló, pedir apoyo, ajustar los métodos de estudio y volver a intentarlo.
- Los recursos protectores son las relaciones familiares y sociales, la autoestima, el sentido de propósito y un entorno seguro que ayudan a amortiguar el impacto del estrés. Por ejemplo, una persona que atraviesa por una grave enfermedad suele afrontar mejor la situación con el apoyo emocional de sus familiares y amigos.
- Las medidas preventivas son las acciones anticipadas que preparan a las personas para enfrentar futuras dificultades, como la planificación, el autocuidado y la adopción de hábitos saludables. Un ejemplo claro es la persona que hace regularmente ejercicios físicos y mantiene rutinas de descanso adecuadas y, cuando enfrenta situaciones de alta presión, su cuerpo y mente estarán mejor preparadas.
La resiliencia no consiste únicamente en resistir las dificultades, sino en desarrollar la capacidad de adaptarse, aprender y crecer a partir de ellas. Al entenderla como un proceso sustentado en pilares claros, las personas pueden evaluar sus fortalezas, reconocer sus áreas de mejora y tomar decisiones conscientes para fortalecer su bienestar emocional. Es una herramienta para tener una vida más equilibrada y transformar la adversidad en una oportunidad de desarrrollo personal.
@henrydelae








