Estamos viviendo días muy extraños y complejos, guerras, violencias, amores rotos, energía revanchista suelta, pareciera que somos más orgullo que vida, mas odio que amor y renunciamos a la capacidad razonable de actuar para encender la reactividad.
Existe un caos en la energía planetaria que parece atropellarnos y dejarnos sin capacidad de respuesta, en lo global vemos invitaciones a romper equilibrios, en lo intimo violencias familiares, de pareja y entre amigos, parece que no nos soportamos y que la energía solo la invirtiéramos en competir desde formas simbólicas o estruendosas para “no dejarnos ganar” y por ello el único camino que elegimos es el de violentar y violentarnos.
Esta reflexión no es un ataque de pesimismo, sino una descripción de las realidades que percibo, deberíamos cansarnos de malgastar el tiempo en acciones de odio, que bueno sería retornar a la ternura, a la paciencia y al respeto. Se hace urgente re-humanizarnos y no asumir la existencia desde formas violentas que nos destruyen y nos estancan en la involución humana.
El derecho a la ternura nos permite descubrir el diálogo como forma de armonizar incluso las diferencias y diversidades que nos hacen valiosos como humanidad. No siempre tenemos la razón, no siempre transitamos criterios correctos, es bueno abandonar el ego soberbio y testarudo para comprender que existen múltiples realidades y modos de afrontar las situaciones.
La apología de las violencias se observa en lo político, social, familiar, en todos los escenarios y sectores, estamos viviendo un periodo de arrogancia donde argumentamos la burla contra otros, destruimos con mentiras, vulneramos los derechos de los demás inventando “argumentos” que nunca serán válidos.
Hoy escribo desde una melancolía profunda porque somos un volcán con explosiones constantes que nos atropellan y que atropellan a nuestro entorno. Vivimos un momento de insoportable complejidad del ser, nos pesa la existencia porque caemos en la esclavitud de la productividad y de ser los “mejores” por encima de cualquier cosa, la tendencia a acumular “riquezas” para obtener “poder” nos lleva a olvidarnos de lo fundamental, nos alejamos de nuestra esencia espiritual y cosificamos nuestra vida, muchas veces, sin darnos cuenta.
Es momento de renunciar a la apología de las violencias y reaccionar, despertar al amor, el respeto, la bondad y la pacificación de las relaciones. El mundo está viviendo estallidos que rompen la paz, que matan esperanzas. Debemos activar el tiempo de las nuevas formas de existir y que seamos más que violencias y reactividades. No normalicemos, ni nos acostumbremos a esperar peores noticias cada día, a comentar, que un escandalo se suma a otro, que una tragedia es olvidada por otra peor, ojalá seamos más humanidad, bienestar y equilibro que extremos dañinos que nos condenan a la infelicidad, definitivamente, la violencia no se soluciona con más violencia, es momento de una transición humanizada y honesta hacia la energía de la paz y el bienestar.
@FACOSTAC


