Estados Unidos es una emblemática democracia liberal y al mismo tiempo una potencia imperialista. Desde su fundación en 1776, ha participado en guerras, golpes de Estado y derrocamientos y no es extraña esta operación para aprehender a Nicolás Maduro. Tal vez su única invasión justificada ha sido la de Normandía con los aliados, el 6 de junio de 1944, para derrocar a Adolf Hitler.

La guerra peor casada por Estados Unidos ha sido, creo, la de Vietnam. Enarbolando el anticomunismo en el marco de la Guerra Fría, mordió la derrota en las selvas y pantanos a manos de las guerrillas intrépidas de Ho Chi Minh. Vietnam hoy es administrado por un partido comunista y mantiene amistosas y robustas relaciones económicas y políticas con Estados Unidos.

Estados Unidos, rompiendo su tradición de presidentes respetuosos de la democracia liberal, aunque imperialistas, es un país de 250 años hoy gobernado por un populista de arbitrarias ínfulas dictatoriales.

Donald Trump es un enemigo de la democracia liberal y un desenfrenado imperialista. Es un “aspirante a dictador” dice Martin Wolf en su libro La crisis del capitalismo democrático, a quien solo le importan los intereses estratégicos de su país. Con Venezuela persigue el petróleo y minerales.

Hugo Chávez y los chavistas siempre tuvieron claro que eso es lo que mueve a Estados Unidos, pero tampoco mostraron capacidad para gerenciar su inmensa riqueza y promover más progreso y prosperidad.

Además, reventaron la democracia porque su proyecto populista antipluralista y antielitista los volvió excluyentes y despóticos.

Chávez y Maduro, desde su populismo de izquierda, con su lenguaje e insolencias también contribuyeron a maltratar la relación con Estados Unidos. Recuerden la frase “aquí huele a azufre” de Chávez el 20 de septiembre de 2006 en la ONU en alusión al presidente George W. Bush.

En el pragmatismo de Trump está admitir un gobierno chavista si practica la colaboración. De Trump no puede esperarse que fomente la democracia, pues su objetivo es la riqueza petrolera y mineral. Son los venezolanos y sus auténticos demócratas quienes tienen que restablecer la libertad.

China y Rusia no van a embarcarse en una catástrofe militar por Maduro. Dice Michael Corleone en la película El Padrino con helado cinismo gansteril: “No es nada personal, son solo negocios”. Y los negocios priman sobre la soberanía en la lógica imperialista.

Hay expectativa de si se prueban los vínculos de Maduro con el narcotráfico, pues está el antecedente de Saddam Hussein. Reveló que no pudo ser probada la teoría estadounidense referente a las armas de destrucción masiva de Irak.