Cada vez que escribo una nueva columna de ‘Minerales para el sol y el viento’ me preocupa cada vez más lo atrasado, la poca ciencia y lo mal que estamos en la estrategia y planificación de la diversificación de la matriz energética. Seguimos insistiendo en que instalar paneles solares y turbinas eólicas son la solución a la descarbonización. Una evaluación demasiado pobre y con falta de rigor, solo imagino a los grandes líderes mundiales burlándose de nuestra supuesta transición o más bien usándonos para hacernos creer que vamos muy adelantados. El mundo va por otro lado y Colombia ni se da cuenta, es como cuando los países desarrollados tenían trenes de alta velocidad entre países y aquí todavía le apostábamos al carro ’e mula.
Les contextualizo un poco más y para hacerles la historia más fácil de entender les pongo el ejemplo de Estados Unidos, Rusia y Ucrania, donde Trump, en intercambio de su apoyo para terminar la guerra, se asegura los yacimientos de tierras raras de Ucrania, sabe la importancia de estos minerales no solo en la transición energética, sino en todo tipo de tecnologías, pero se interesa más aún por su escasez y que ante una crisis el monopolio lo tiene China, que es el mayor productor y refinador de tierras raras, lo que haría un mundo dependiente de esta potencia asiática.
Revisemos estos datos: dentro del Atlas Mundial de la Huella Mineral de la Transición Energética que estaremos publicando muy pronto, calculamos en el escenario de la Agencia Internacional de Energías Renovables cuántas toneladas de minerales de tierras raras como el neodimio, disprosio y praseodimio requeriría el mundo para 2050, solo para suplir el 17 % de la energía en el mundo a partir de la construcción e instalación de turbinas eólicas. El resultado es que se requerirían 477.113 toneladas de neodimio, 59.639 toneladas de disprosio y 79.518 toneladas de praseodimio. Si revisamos la producción promedio anual de estos elementos a 2022, se produjeron 26.845 toneladas de neodimio, solo 708 toneladas de disprosio y 6.860 de praseodimio.
Lo anterior significa que la brecha entre lo que se produce y lo que se requiere es de un orden muy alto. Por ejemplo, se tendría que aumentar la producción de neodimio en 17.8 veces comparada con la del 2022, 84.2 veces la de disprosio y 11.6 veces la de praseodimio. El problema es que el aumento de la producción minera no es así de simple, se requiere mucha exploración geológica para encontrar nuevos yacimientos, permisos ambientales, sociales, la disputa política con grupos radicales y todo un planeamiento minero, que, en los escenarios más optimistas, esto tardaría hasta 15 años para empezar a producir la primera tonelada.
El mundo piensa en su seguridad energética y soberanía, entienden a la perfección la importancia de los recursos minerales y energéticos para la geopolítica mundial, Colombia solo piensa en instalar más paneles solares y turbinas eólicas que nos toca traer de otras latitudes porque no tenemos tecnologías ni el conocimiento para fabricarlas, aumentando cada vez más nuestra dependencia de las potencias.
Director Observatorio de Transición Energética del Caribe
OTEC – Universidad Áreandina
@amatzuluaga1