Hoy en Colombia hablar de seguridad es como caminar sobre arenas movedizas: cada paso nos hunde más. Y lo que lo hace más peligroso es que entramos en época electoral, con un Gobierno débil que, en lugar de pararse firme frente al crimen, opta por diálogos simbólicos para vender éxitos que no existen. Esa fragilidad política es el terreno perfecto para que los delincuentes sigan avanzando y nosotros nos sigamos hundiendo.
El Atlántico es una radiografía de ese pantano. Se registraron 451 muertes violentas en el primer semestre de 2025 y las denuncias de extorsión ya pasaron los números de 2024. No son cifras abstractas: son tenderos asesinados por negarse a pagar “vacuna”, taxistas baleados por incumplir la cuota semanal y comerciantes intimidados con granadas en sus negocios. Y en medio de esto, el Gobierno nos ignora o responde con más mesas de diálogo.
Lo más surreal es que ahora son las bandas quienes publican comunicados con membrete de abogados, como el Bloque Resistencia Caribe, prometiendo cesar actividades durante un mes. ¿De verdad toca aplaudir que juren no matar por 30 días? Ya no solo extorsionan, les quitan la plata a los más necesitados a través del paga diario, nos llenan las calles de droga o nos asesinan; también imponen las condiciones del diálogo.
El ejemplo más diciente es que el obispo César Narváez, quien lideró un año de diálogos con ‘los Costeños’ y ‘los Pepes’, lo sacaron del proceso. ¿Para meter a quién? A Digno Palomino, uno de los peores jefes criminales, como “gestor de paz”. Ese giro muestra el punto peligroso hasta donde llega el Gobierno por ceder a estos grupos: sacan a un líder religioso mientras se legitima a un delincuente. Se nos invirtió la ética.
Ahí está la trampa de las arenas movedizas: cada gesto simbólico hunde más al país. La “Paz Total”, que evidentemente es un fracaso total, se convirtió en un premio al que más aterroriza: entre más crímenes cometen, más reconocimiento reciben. La historia ha demostrado que negociar desde la debilidad nunca funciona, y hoy el Estado llega a la mesa con las manos vacías y los criminales con todo el poder.
No podemos caer en los engaños de un Gobierno que, en plena campaña, necesita mostrar resultados y entregará más espacios a los delincuentes. Cada anuncio y foto firmando acuerdos nos la querrán vender como prueba de que la “paz” avanza, pero será una farsa; una cortina de humo que no desarma a nadie, no libera territorios, y solo fortalece a los bandidos. Y lo más grave, ese poder no quedará escondido en la selva, sino en nuestras calles, en los barrios donde vive la gente. Por eso hay que ser claros, lo único que vale son los resultados concretos: menos homicidios, menos secuestros, menos extorsión. Si el Estado no devuelve ya la certeza de que manda, la historia no recordará un gobierno de paz, sino uno débil que le entregó el país al crimen.
@miguelvergarac