En qué se diferencian las series mundiales de béisbol tanto en los años treinta como en los cuarenta, con respecto a nuestra propia afición deportiva. En aquellas series mundiales solo se escuchaban sus incidencias en las grandes jugadas que intervenían en los juegos, pero el público barranquillero hacía esfuerzos radiales para captar y a la vez imaginar cómo eran las jugadas, toda vez que los medios visuales, que tanto han ayudado a la propagación del béisbol por aquellos años, estaban bastante lejos de una realidad digamos esclarecedora. Y hoy cuando se dispone de televisión no se ve ahora el entusiasmo característico de aquellos tiempos.

Solo la voz típica de Bob Canel dominaba el espacio radial de aquellos años. Canel fue un gran narrador beisbolero; tal vez demasiado serio si se le juzgara con el gusto radial de estos tiempos, cuando se tienen narradores de gran calidad como Mike Schmulson y Marquitos Pérez, quienes entremezclan la narración de la jugada con chistes cortos y frases humorísticas muy aceptadas por los oyentes.

El béisbol no ha contado hasta ahora con el partidarismo de los oyentes actuales, porque no hay duda que la simpleza propia del fútbol es un atractivo indiscutible para la audiencia joven de estos tiempos. Transportar un balón hacia el campo contrario en busca de la meta es visible que sus escenas son fáciles de entender, en contraste con un double play rapidísimo que estrangula al equipo contrario y hasta le pone fin al inning que se está jugando.

La propagación del béisbol en el interior del país ha dejado mucho que desear. Por eso el ‘cachaquerio’ deportivo prefiere el fútbol y desdeña al béisbol. Tal vez —lo presumimos un poco aducidamente— el caso colombiano seguramente se prestó para que el comité ejecutivo del comité olímpico internacional hubiera echado sin contemplaciones al béisbol del seno olímpico. Ya hoy eso está corregido y al béisbol lo tendremos en los Juegos Olímpicos del 2020 en tierras japonesas.

Presentamos excusas a nuestros lectores por estas divagaciones obligatorias dentro de la obligación periodística nuestra de escribir cinco artículos semanales. Tarea que en los Estados Unidos es ‘pan comido’, que no en este desierto deportivo en que ha terminado la ciudad que fuera la más deportiva de Colombia.