El Heraldo
Parte del Lumbalú que se realizó en una lancha que recorrió el cuerpo de agua. Jesús Blanquicet
Colombia

Canal del Dique: la sanación de unos duelos congelados

Un recorrido que arrancó en Calamar y que finalizó en Pasacaballo, sirvió para derribar el silencio que dejó la violencia en ese cuerpo de agua.

“Qué dolor tiene una madre cuando el día ha de llegar. Que Dios lo saque de la pena y lo lleve a descansar. Levántate cuerpo santo, retírate cuerpo en paz”.

Un círculo construido a base de flores, frutas inciensos, piedras, palabras y demás elementos es el inicio de un doloroso -pero necesario- ritual de sanación. Génesis Gutiérrez sabe que los actos simbólicos que profesa el pueblo palenquero llevan a reencontrarse con las espiritualidades de la tierra y, más aún, con las almas de los que ya no están.

La mujer, alta y de facciones gruesas, lleva en su cabeza un turbante de trenzas que se asemejan a una corona. Va vestida con un traje blanco y está parada en el centro del círculo, en cuyo espacio también está un tambor.

“Este es un centro de poder y hoy estamos acá para llamar a todas las espiritualidades de nuestros ancestros para que nos guíen, protejan y cuiden. Este es un altar que presenta la fertilidad, la paz y la sanación”, dice Gutiérrez, al tiempo que rocía unas gotas de esencias dentro del círculo.

El ritual es necesario, pues busca a través de un ‘Lumbalú’ -Lu (dolor) mbalú (colectivo)- despedir, como un funeral palenquero, a las decenas de cuerpos que durante años fueron lanzados a las aguas del Canal del Dique como producto del conflicto interno que vivió Colombia.

El centro de poder está situado justo debajo del puente de Calamar (Bolívar), a pocos metros del cuerpo de agua. El ritual es el inicio de una serie de eventos que organizó la Comisión de la Verdad y que se llevaron a cabo entre el lunes y martes a lo largo de varias poblaciones ribereñas de los 115 kilómetros del Canal, y en las que se realizaron actos de sanación por parte de las víctimas del conflicto armado, autoridades y pobladores municipales y responsables.

Génesis afirma que el ritual también ayudará a los parientes a “conectarse energéticamente” con la naturaleza, pero también es una ofrenda para los que no están y para esos líderes y lideresas que ya no hacen parte de este proceso para buscar la paz.

Un tambor comienza a sonar y tres mujeres agarran un micrófono y la voz de Moraima Sierra Hernández brota desde su garganta. Todo queda en silencio mientras que los presentes se concentran a escuchar los cánticos y varios de ellos rompen en llantos.

Sierra Hernández es de San Basilio de Palenque y asegura que con su voz busca aportar paz a las almas de esas personas que fueron lanzadas al Canal del Dique.

“Estamos recogiendo los pasos para que sus almas descansen en paz en ese otro mundo del más allá, para que sean acogido por su seres queridos. Estas fueron personas que no querían morir, pero lastimosamente sucedió”, dijo la mujer de 43 años.

El espacio les permite a las familias de las víctimas aliviar su dolor a través del llanto y del canto. “Este canal está lleno de fantasmas. Se dice que uno debe morir de Dios y no porque otro le quite la vida. Este canal brota tristeza y eso lo vemos con las inundaciones y con la sequía que cada año azota esta región”, asegura Sierra Hernández. 

El horror

A lo largo de todo el recorrido, los pobladores de Calamar, Santa Lucía, San Cristóbal, Gambote y Pasacaballos coinciden en que de 1997 a 2006, la imposición de ciertas prácticas por parte de grupos armados dejaron grandes impactos ecológicos, culturales y por supuesto en el territorio.

José Ortega, habitante de San Cristóbal (Bolívar), asegura que la cantidad de muertos que fueron lanzados al canal llegaron a “pudrir el agua”.

“Para nosotros era algo impresionante cómo a diario veíamos los cuerpos flotando en el agua. Dejamos de pescar con atarrayas porque eso solo arrastraba los cuerpos. Llegó un punto en el que no podíamos usar el agua por lo contaminada que estaba”, señala Ortega.

El hombre expresa que muchos de los habitantes solo veían que a diario hombres llegaban y arrojaban los cuerpos a las aguas, pero también esos hombres se metían a las casas de los campesinos de los municipios ribereños y los sacaban de sus casas y los desaparecían. “A los días sus cuerpos estaban canal arriba, flotando”.

De acuerdo con la Comisión de la Verdad, las desapariciones forzadas ocurrieron constantemente durante nueve años, pero por falta de denuncias y registros no hay un número exacto de víctimas. También hubo múltiples sitios donde los paramilitares desmembraron a las víctimas para luego tirarlas al canal, esto generó profundo miedo y dolor.

En varias de las zonas, las afectaciones al territorio se dieron cuando dueños de fincas, con el apoyo de los paramilitares,  decidieron interrumpir los procesos de siembras de yuca, maíz y demás frutos de esas zonas para comenzar a sembrar palma y llenar la zona de ganado, lo que derivó en la desaparición de pequeñas lagunas.

También los hombres armados les prohibieron a los habitantes de estas poblaciones realizar las prácticas culturales ancestrales del pueblo negro relacionados con ritos fúnebres, la estética personal, las fiestas. La pesca artesanal y la agricultura solidaria desaparecieron o se transformaron por la presión de los paramilitares, lo que afectó las expresiones culturales de esas comunidades.

Unas alertas

El líder de las comunidades negras del Canal del Dique, Jasmar Pájaro, advirtió que el proyecto anunciado por el Gobierno para la regulación activa del ingreso de caudales al cuerpo de agua y el mejoramiento de la navegabilidad entre la bahía de Cartagena y Calamar,  puede tener “un impacto negativo muy grande” con relación a la búsqueda de los desaparecidos en el canal.

“Nos preocupa que al final no se puedan encontrar pues restos de desaparecidos. También nos preocupa el hecho de que el proyecto no ha consultado las voces de la mayoría de las comunidades negras y ni se han dado a conocer los impactos ambientales que eso pueda traer”, señaló el líder, al tiempo que señaló que lo largo del Canal del Dique existen varios complejos de Ciénega que podrían desaparecer.

Pájaro, quien asistió al evento como víctima, pues los paramilitares le desaparecieron a un hermano, denunció que en varias de las comunidades ribereñas al cuerpo de agua  “han aparecido listados de las personas amenazadas, se ha registrado asesinato de líderes y lideresas, así como nuevos desplazamientos”.

Habitantes de los pueblos ribereños del canal piden al Estado poner fin al resurgimiento del paramilitarismo que ha callado las voces de los defensores de ese territorio “sagrado” que fue construido por sus propios ancestros desde más de 500 años. 

Momentos en los que la Comisión, víctimas y responsables estaban en uno de los actos en Calamar.
“El Canal del Dique es un cementerio de dolor”
El padre Francisco de Roux en San Cristóbal.

Durante el recorrido, el presidente de la Comisión de la Verdad, padre Francisco De Roux, resaltó que la importancia del evento tiene la intención de que Colombia entienda lo que pasó en ese cuerpo de agua.

“El Canal del Dique se convirtió en un cementerio horrendo. Esta es una verdad muy dura, pero al salir de acá tenemos que tener una comprensión seria de lo que pasó acá. Esto tienen que conocerlo las poblaciones, además de toda Colombia y la comunidad internacional”, señaló De Roux, al tiempo que invitó a los colombianos a que nunca más “nos matemos en guerras”.

El padre destacó que bastaría con que hubiera sido enterrado violentamente o sumergidos en el agua del Canal cinco, tres o un cadáver, para que de hecho haya sido algo “horrendo”. “Aquí el grito del cimarronaje es el dolor que ha sido profundísimo”.

Entre tanto, el comisionado Leyner Palacio indicó que en el informe que entregará la Comisión, el año entrante, se nombrará desde la desprotección.

“Sentimos que nuestras comunidades quedaron desprotegidas, se les quitó la tierra y se les arrebató su cultura, además del derecho a hacer y ser en unos territorios. Aquí en el Canal del Dique están las comunidades que han vivido situaciones tremendamente escandalosas”, dijo Palacios.

El comisionado señaló que en las aguas de ese cuerpo de agua están miles de colombianos enterrados y desaparecidos, lo que representa una “real tragedia” y llamó la atención sobre el proyecto de desarrollo del Canal que está previsto para los próximos años y que dejaría a muchos familiares sin la posibilidad de encontrar los restos de sus seres queridos que fueron asesinados por grupos armados ilegales durante los tiempos del conflicto armado.

El perdón de ‘Juancho Dique’
Uber Banquez en Santa Lucía.

Uber Enrique Banquez Martínez, excomandante de las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, y conocido como ‘Juancho Dique’ durante la guerra, dijo que el horror en el Canal se dio porque “cumplimos un mandato, un mensaje directo de la Fuerza Pública para no arrojar cadáveres en la vía pública’.

“De esa manera se buscaba que no se observaran los cadáveres en zonas públicas”, sostuvo el exparamilitar.

Durante el recorrido, Banquez pidió perdón a las poblaciones y reconoció las atrocidades que se cometieron en esa zona del país.

“A este canal fueron lanzadas personas de todo el país. Hoy estoy acá acompañando a la Comisión en este proceso, acompañando a las víctimas, creyendo en la paz. Estoy a  disposición de quien me requiera, para seguir construyendo la paz”, dijo ‘Juancho Dique’.

Más de 922 personas dadas como desaparecidas en la zona
Victimas hicieron parte del acto en Calamar.

EL HERALDO conoció que desde la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) se está construyendo el plan regional de búsqueda en la zona del Canal del Dique, en la que se incluyen 14 municipios de Bolívar y 7 del departamento del Atlántico.

“Frente al universo de personas dadas por desaparecidas registradas en las diversas bases de datos consultadas por la Unidad, así como de organizaciones de la sociedad civil e instituciones del Estado se registran a la fecha 922 personas dadas por desaparecidas”, dijo una fuente del organismo.

La Unidad reconoce que las cifras podrían ser inexactas debido al gran subregistro, por lo cual es una tarea “muy grande” que demanda mucho esfuerzo en el ejercicio de la implementación del Plan Regional de Búsqueda, para lograr establecer cuál es el número real de personas desaparecidas que pudieron haber sido arrojadas al canal.

Las construcciones de los planes regionales parten de las propuestas de los colectivos, de las organizaciones y a partir de eso en la Unidad empieza a cotejar las cifras que dan inicio a la construcción de un plan.

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