Se los vendieron como un verdadero “gangazo”, una oferta única en la vida. Sobre cinco lotes del barrio Villa Santos se levantaría un edificio de veinte pisos que prometía abrir “las puertas del cielo”: dos piscinas para ejercitar el cuerpo; una cancha de golf para gozar de este deporte en familia y amigos; un teatro que llevaría el cine a la casa, y espaciosos apartamentos para pasar el resto de su vida en ellos. Lo cierto es que esta letanía de promesas terminó siendo un melódico ‘silbido de serpiente’ que sedujo y perjudicó a más de ochenta compradores.
Dieciséis años después, Luis Hoyos, Romel Elías Camacho y Luddy Calvo, junto con su esposo, se encuentran al frente de lo que iba a ser su hogar. En medio de sus lamentos, recuerdos y bromas sobre su inversión fallida, se cuelan un par de miradas hacia el imponente complejo.
Torres del Cielo alcanzó más del 80 % de sus avances. Por ende, hoy todo está a medias: el lobby que prometía ser amplio, los espacios de las ventanas, el estucado de las paredes y los balcones que aún le faltan ladrillos. El abandono también se refleja en estos mismos objetos, los cuales están invadidos de mugre, manchas, óxido y escombros.
Lo que no es ni sombra de lo que vio Rommel cuando visitó por primera vez su apartamento en el sexto piso. En ese instante, pudo visualizar a su esposa y a sus hijos merodeando por la vivienda que había conseguido con su arduo trabajo.
“Te soy sincero, yo estaba contento, pensaba que me lo iban a entregar. Prácticamente estaba terminado. Pero se nos vino el mundo abajo cuando dijeron que no. Fue doloroso, tanto para mis hijos como para mí”, expresó muy nostálgico Rommel, quien hoy vive arrendado.
La misma desilusión se la llevó Luis Hoyos cuando compañeros, que vivían cerca a la construcción, le avisaron que las obras se detuvieron. Sin embargo, la decepción lo invadió cuando les confirmaron a todos en el 2018 que el proyecto se suspendía oficialmente. Justo en ese momento, Hoyos se dijo a sí mismo: “Estoy frente a una estafa”.
“Me tocó buscar otro sitio donde vivir. Yo ya me pensionaba y tuve que hacer esfuerzos económicos adicionales para conseguir vivienda”, relató el afectado.
En el 2013 (un año después de que empezaron a vender las viviendas) algunas familias adquirieron estos apartamentos por precios de 400 y 600 millones de pesos. Pero los daños no son solo cuantificables: también pesa en sus corazones el tiempo perdido y la energía invertida para alcanzar su sueño.
A Luddy Calvo el dinero no le cayó del cielo. La plata con la que compró su apartamento en Torres del Cielo es fruto de los trasnochos trabajando como enfermera y de perderse aquellas fechas importantes con su familia, tales como Año Nuevo o Día de la Madre.
Creyó que su esfuerzo tendría una recompensa, hasta el día que visitó su apartamento en el piso 10 y se encontró con un proyecto en obra negra.
“Entonces fue cuando yo dije: –No, esto no está terminado todavía–. Los constructores comenzaron a dilatar, a pedir otrosí, y de pronto se paró la obra y no se vio gestión ninguna. Ahí empezó nuestro calvario”, indicó Luddy.
Como cada acontecimiento, la situación les suscitó enseñanzas. La primera lección fue la desconfianza, y la segunda fue que aún existe un atisbo de justicia en este país. Al menos la suficiente para que la Superintendencia Financiera de Colombia le ordenara, en primera instancia, a la fiduciaria que devolviera cada centavo a las familias que demandaron la situación.
Proyecto de irregularidades
En vísperas del inicio del Carnaval de Barranquilla, la Superfinanciera le impuso a Alianza Fiduciaria —garante del dinero de quienes compraron apartamentos en este proyecto— la sanción económica más alta registrada hasta ahora contra una sociedad fiduciaria en el país.
En un fallo de primera instancia, se le ordenó a esta entidad pagar $8.441 millones por su actuación como gestora y vocera del patrimonio autónomo en Torres del Cielo.
“Es una decisión histórica no solamente por el monto de la condena ni por el número de personas favorecidas con esta decisión, sino porque envía un mensaje claro al mercado, en el sentido de que el rol de una fiduciaria es determinante”, aseguró a EL HERALDO Juan Carlos Orjuela Cortés, el abogado que lideró este caso y quien hace parte de la firma Orjuela Cortés Abogados.
Esta decisión es tan solo el resultado de un proyecto que nació mal estructurado, pues Torres del Cielo estuvo siempre desfinanciado. De acuerdo con Orjuela, AVI Strategic —constructora encargada— inició la obra sin comprometer recursos. En realidad, los lotes en donde se desarrolló eran de personas naturales y a quienes les prometieron apartamentos de dicha construcción.
Incluso, se conoció que la constructora le cedió el 50 % de sus derechos fiduciarios a una sociedad llamada Papelera Andina, la cual invirtió $1.800 millones de pesos y también se le prometió apartamentos.
“¿Cuándo se ha visto que un constructor vincula una papelería para el desarrollo de un proyecto inmobiliario?”, cuestionó el abogado.
Teniendo en cuenta que el proyecto no tenía músculo financiero, el banco financiador —en este caso Colpatria— se dio cuenta de esta situación y suspendió los desembolsos que permitían el apalancamiento del proyecto.
A este factor se sumó la liquidez de AVI Strategic y su debilidad financiera, por lo que no hubo forma de reactivar el proyecto en un futuro.

Los pecados de la fiduciaria
El fallo en primera instancia demostró la inacción, omisión, la falta de diligencia y profesionalismo de la fiduciaria para proteger los recursos de, al menos, las 27 familias que impusieron la demanda.
Según el abogado Orjuela, Alianza Fiduciaria no evaluó la capacidad técnica, administrativa y financiera del constructor. Indicó que la Superfinanciera estableció cómo se entregaron miles de millones sin “ningún tipo de control, soportes y verificación ni validación de la pertinencia ni de la vinculación de esos recursos al proyecto”.
Aseguró que la fiducia no realizó un estudio serio de viabilidad ni validó correctamente el punto de equilibrio financiero. Adicionalmente, encontraron que esta sociedad no informó a los compradores cambios importantes y estructurales que se presentaron en el proyecto.
Sumado a esto, se evidenció que no suspendió giros, no exigió capital adicional ni adoptó medidas para proteger los recursos del patrimonio autónomo.
En ese orden de ideas, el ente de control estableció que Alianza Fiduciaria incumplió el marco legal y contractual que constituyen sus obligaciones y compromisos legales.
Cabe destacar que, en total, el dinero aportado por las más de 80 familias suman un total de $3.800 millones. Mientras que el proyecto estaba estimado en aproximadamente $45.000 millones.
“Después de más de diez años de haberse estructurado este proyecto, no tienen ningún horizonte distinto a instaurar acciones judiciales para que sean reparados todos estos perjuicios”, finalizó el defensor.
“La primera victoria... por fin”
Los reveses de este proyecto reunieron a un grupo de ciudadanos que hoy día hablan de unión y de sacar espacios para verse. Una experiencia totalmente desagradable los condujo a apoyarse entre ellos para enfrentar esta batalla por lo legal. No se necesitó de otra cosa más que la perseverancia y la tenacidad de unos cuantos para motivar al resto.
Indicaron que el factor de éxito, sin duda, fue el trabajo en equipo. Así lo expresan sentados Romel, Luis y Luddy y su esposo frente a aquel proyecto inmobiliario que terminó siendo un verdadero fracaso. Allí, golpeados por una fuerte brisa, recordaron el inicio del declive cuando observaron que todo había sido desmontado y les tocó pagar a los celadores para que cuidaran lo que aún era su hogar.
Demostrando que, en medio de tanta incertidumbre y tropiezos, el compromiso estuvo ahí. Desde siempre. Hoy, finalmente, ven una luz de esperanza.
El historial de ‘estafas’ de la constructora AVI Strategic Investment
Los principales accionistas de esta empresa ya liquidada son Alberto José y Andrés Fernando Avilés Arteaga. Quienes, según el abogado Orjuela, tan solo con la cédula, adjudicaron no solo el proyecto Torres del Cielo, sino varios más.
Uno de estos es Gioco Kids Club House, en donde actualmente los compradores no tienen más que un hueco en donde se supone se construiría el edificio. Para este proyecto, se invirtieron $2.000 millones de pesos para la excavación del hueco y los muros de contención, así como $13.000 millones para el pago del lote.
Asimismo, en el 2019, Banco de Bogotá embargó el inmueble del conjunto residencial Josephine, también de ellos, ubicado en la calle 68 #65-09 en Bellavista. Esto afectó a 600 familias que pasaron por el mismo calvario que los compradores de Torres del Cielo.
En ese entonces, parte de los afectados protestaron frente al Palacio de Justicia desde tempranas horas de la mañana.
Como consecuencia del incumplimiento, los compradores impetraron una denuncia penal ante la Fiscalía contra la firma constructora, en cabeza de los hermanos Avilés, por el presunto delito de estafa.
“Exigimos justicia y que la constructora responda por la inversión que hicimos”, precisó, en aquel momento, una afectada.
Finalmente, años más tarde, también se conoció que los mismos socios de AVI crearon una nueva empresa, Prolink S.A.S., integrada por personas cercanas a ellos, para seguir ofreciendo los mismos proyectos, pero con precios hasta 40 % más altos.















