Hoy es clave, además de contrarrestar estos factores, generar herramientas eficaces para enfrentar la vulnerabilidad de los menores ante la utilización perversa de la tecnología para atacarlos, con legislaciones ajustadas a este contexto para erradicar la venta y la explotación sexual de niños.
Atacar la corrupción no debe ser bandera episódica de campaña, sino política de Estado sostenida. El ciudadano sufre la corrupción y cuando percibe que no hay consecuencias, concluye que la ley es selectiva o irrelevante.
Ahora, con el mismo argumento de conseguir la paz, se está negociando con toda clase de bandidos como quedó demostrado con el “tarimazo” y la parranda de Itagüí. Esta historia de pasar de la mano dura a las amnistías la hemos repetido muchas veces. ¿No será ya el momento de replantear la estrategia para conseguir la paz?
Mi opción personal es clara: la vida es lo más lindo que podemos tener, no importan las lágrimas, dolores, traiciones o frustraciones. Nada de eso importa si estamos vivos.
Lo que preguntan por ahí