Perrenque no nació para ser solo un evento de dos días. Nació para recordarnos que en el Caribe hay talento, criterio, oficio y ganas de hacer las cosas bien.
El sátrapa no respeta las ramas del poder público. Ataca a la justicia cuando las decisiones no le favorecen, confronta al Congreso cuando no aprueba sus reformas y desacredita organismos de control que cuestionan las actuaciones de su gobierno.
Ahora el Gobierno va por el quinto intento. Destrabada la Jurisdicción Agraria en el Congreso, empuja el debate en plenarias, a trompicones en Cámara y sin muchas posibilidades en Senado, a pocas semanas del fin de la legislatura y en un ambiente de desconfianza en el Gobierno.
Una democracia sana no exige uniformidad; exige respeto. No se fortalece con unanimidad forzada, sino con diversidad de pensamiento. La riqueza de una sociedad está precisamente en su capacidad de convivir en medio de las diferencias.
Ser demócrata implica la humildad de saber que nuestro pensamiento y nuestras maneras de llevarlo a la realidad no son absolutas. Implica aceptar que convivir con otros establece límites y exige procesos consensuados y reglados por la sociedad. No es solo ir a las urnas, sino que implica una dinámica de vida que acepta los contrapesos establecidos y que gestiona el impulso de monarca que habita en todo líder.