Resulta un insulto decirle a un hogar vulnerable que está siendo “protegido”, mientras se destruye la oferta de vivienda en las zonas donde sí existen empleo, transporte y servicios. El ahorro de una familia pobre es limitado y sagrado; no puede compensar con sacrificios adicionales lo que el mercado deja de ofrecer por culpa de regulaciones absurdas.
Es evidente que muchas tareas están siendo automatizadas, especialmente las repetitivas o altamente estandarizadas. Profesiones como el derecho, el diseño gráfico o el periodismo ya sienten la presión de herramientas capaces de redactar contratos básicos, generar imágenes o producir borradores de textos en segundos.
Tener amigos es poseer bienes espirituales representados en su energía vital y salud emocional para cultivarles, cuidarles e inspirarles a dar lo mejor de sí.
En medio de este ruido ensordecedor, la Gran Consulta emerge no solo como una opción viable, sino como una herramienta democrática indispensable para rescatar la política como el arte de lo colectivo.
En mis conferencias siempre te digo que la abundancia no es acumulación sino el flujo sagrado de la energía y el mar es el maestro supremo de esta verdad al enseñarnos que cuando dejamos de intentar poseerlo y comenzamos a proteger su esencia, la vida se multiplica milagrosamente para todos, permitiendo que la “economía azul” sea en realidad una metáfora de nuestra capacidad de dar y recibir sin miedo a la escasez.