En Colombia nos inquietan los problemas estructurales de nuestro sistema político, pero pasamos por alto un aspecto elemental: la calidad del sistema depende de la calidad del debate público, y este, a su vez, de las capacidades con las que contamos para participar en esa discusión.
Se podría concluir que esta exitosa iniciativa del sector privado, que tuvo algún apoyo de la gobernación, es una fehaciente demostración de que es posible sacar adelante proyectos sociales y de infraestructura en las comunidades indígenas, creando confianza a través del diálogo y con acuerdos colectivos.
Llegó el momento en que nosotros, los abuelos baby boomers, retomemos nuestro rol de formadores de la familia y dejemos de ser los viejitos complacientes que sólo podemos educar a nuestros nietos desautorizando a los padres en el manejo de asuntos fundamentales como la disciplina, el respeto a la figura de autoridad, el amor a los padres, el esfuerzo para conseguir las metas.
En tiempo de agendas que vulneran derechos femeninos y diversidades, se hace propicio continuar generando espacios de reflexiones y construcción de nuevas apuestas sociales, académicas y culturales de gran impacto, como actos de resistencia creativa y pacífica.
En materia económica sencillamente el país está quebrado. No hay fondos para nada y la situación fiscal es catastrófica con reservas y mucho temor de las entidades internacionales que prestan el dinero.