Aquí no hay una discusión entre derecha o izquierda, ni entre capitalismo o cambio climático. Hay una discusión mucho más básica: coherencia. Porque un gobierno puede tener la mejor narrativa global, pero sí en lo local no hay resultados, esa narrativa pierde fuerza.
Por eso votar no puede ser un acto de apatía: es decidir quién puede garantizar lo mínimo, que la gente recupere tranquilidad. Y por eso esta elección presidencial es tan importante: porque el presidente define la política de seguridad, marca la línea frente al crimen y tiene la responsabilidad de devolver el orden.
Lo que preguntan por ahí.
Por eso puede prometer cualquier cosa sin pudor. Entre ofrecer trenes eléctricos elevados interoceánicos y asegurar que problemas antiguos, estructurales y técnicamente complejos se resolverán con decretos del primer día, hay menos diferencia de la que parece: en ambos casos se comercializa una fantasía emocionalmente atractiva, no una solución de gobierno.
En este Día Internacional de los Trabajadores, mi reconocimiento es a los equipos resilientes, por el profesionalismo y por el esfuerzo silencioso que no siempre se ve, pero siempre se siente.