El ser humano es el único ser capaz de escribir y de leer su propia historia. Renunciar a esa capacidad es renunciar a la posibilidad de comprender el mundo y de transformarlo. Quienes no leen terminan viviendo bajo las ideas de quienes sí lo hacen.
Barranquilla no es sólo carnaval. Su crecimiento y desarrollo económico se ha disparado vertiginosamente especialmente en materia de servicios y comercio a través de un tejido empresarial que aporta cerca del 2.8% del PIB nacional con una tasa de desempleo del 9.6%, una de las más bajas del país, un recaudo del predial superior a los 600.000 millones de pesos, industria y comercio por encima del billón de pesos y un presupuesto distrital que llega a los 8 billones de pesos anuales.
Por consiguiente, si la tendencia es la inteligencia artificial, se propondrá que el país se convierta en una potencia en IA; si lo dominante es la sostenibilidad, toda política educativa deberá formar líderes verdes; si la conversación gira hacia el emprendimiento y la innovación disruptiva, el sistema educativo se reconfigurará en torno a esas promesas.
Supongo que después de todo lo anteriormente comentado cualquier lector sabrá que yo quisiera que Abelardo De La Espriella fuese nuestro Presidente, y sí, porque deseo un viraje total hacia una forma de gobernar diferente a la diseñada para la corrupción, que es la que he conocido desde siempre, y me niego a aceptar que en nuestro país no haya forma de hacerlo de otra manera, reconociendo que no sería nada fácil.
Hay dos formas equivocadas de leer la política internacional: creer que alguien está loco o creer que tenía todo calculado. Son extremos cómodos, porque evitan pensar, y aun así generan profusos análisis.