La realidad es que al presidente le ha funcionado la estrategia del discurso de exoneración, según el cual todos los funcionarios —nombrados directamente por él— son los únicos responsables de lo que sale mal, mientras él no asume ni reconoce responsabilidad alguna por las actuaciones del gobierno que él mismo ha conformado.
Mi opción personal es clara: la vida es lo más lindo que podemos tener, no importan las lágrimas, dolores, traiciones o frustraciones. Nada de eso importa si estamos vivos.
La insolvencia se creó para ayudar. Para darle una salida a quien, por circunstancias reales, atraviesa un momento difícil. Y esa idea también la cuenta el vallenato.
Me entristece que los colombianos pensemos en crucificar antes de pensar que la única forma de salir de la pobreza es industrializando el país, a partir de la generación de valor de los recursos extraídos, no dejándolos enterrados.
La declaración, lejos de ser una simple toma de posición electoral, es una radiografía cruda del momento político que vive el país.