Ahora el Gobierno va por el quinto intento. Destrabada la Jurisdicción Agraria en el Congreso, empuja el debate en plenarias, a trompicones en Cámara y sin muchas posibilidades en Senado, a pocas semanas del fin de la legislatura y en un ambiente de desconfianza en el Gobierno.
Una democracia sana no exige uniformidad; exige respeto. No se fortalece con unanimidad forzada, sino con diversidad de pensamiento. La riqueza de una sociedad está precisamente en su capacidad de convivir en medio de las diferencias.
Ser demócrata implica la humildad de saber que nuestro pensamiento y nuestras maneras de llevarlo a la realidad no son absolutas. Implica aceptar que convivir con otros establece límites y exige procesos consensuados y reglados por la sociedad. No es solo ir a las urnas, sino que implica una dinámica de vida que acepta los contrapesos establecidos y que gestiona el impulso de monarca que habita en todo líder.
Pretenden desplazar al personal profesional y especializado e insertar de manera permanente los camaradas, improvisados, inexpertos, sin experiencia y de ninguna manera confiables que han ido introduciendo dentro de la institución.
Pensar el Ernesto Cortissoz como eje de desarrollo no solo fortalece la competitividad de la ciudad, sino que también integra a Barranquilla y su área metropolitana en las grandes conversaciones globales sobre infraestructura, sostenibilidad y crecimiento inteligente. Ese es, sin duda, el camino correcto.