Educación es el área con mayor inversión en las propuestas. En ella se enfatiza la primera edad, la calidad de los docentes fortaleciendo su evaluación; la jornada única, que además de mejorar cobertura y calidad reduce la criminalidad juvenil en los hombres y el embarazo adolescente en las mujeres, y la eliminación del analfabetismo que hoy duplica al del resto del país.
Una norma constitucional que señala que el alcalde es “la primera autoridad de policía del municipio” ha llevado a algunos a pensar que solo sobre sus hombros recae la responsabilidad de la seguridad ciudadana. En teoría, el alcalde es el jefe de la Policía, pero en la práctica, lo es el director Nacional de la Policía y su comandante en Bogotá, ambos de libre nombramiento y remoción del presidente de la República.
Así que, frente a problemas estructurales, malas son las soluciones que no surgen de la objetividad sino del sesgo ideológico. Si el presidente reduce el asunto a que, “los terratenientes no quieren pagar impuesto” el riesgo es la chambonada…
Tal vez valga la pena preguntarse, antes de votar, si la emoción es lo que necesita el país para pensar en su futuro, o si hace falta algo de razón para que podamos construir una agenda de desarrollo viable, con criterio y con algo de confianza.
Hace veinte años esta ciudad estaba bajo la Ley 550, intervenida, en quiebra, incapaz de invertir en nada. Los responsables de ese desastre no desaparecieron: hoy quieren regresar con el petrismo, convencidos de que Barranquilla les debe una segunda oportunidad.