Me impresiona la rapidez del tiempo. Me cuestiona cómo todo se vuelve recuerdo rápidamente. Tengo miedo de que la vida se escape como agua entre los dedos. Este año he tenido el convencimiento de que la única manera de tener otra relación con el tiempo es actuar con mayor lentitud.
El Estado, eso sí, creció. Se infló la burocracia y el empleo por rebusque, mientras el rigor técnico fue reemplazado por relatos. Se subieron impuestos a la comida y al emprendedor para cubrir una burocracia más grande y unos intereses de deuda hoy cerca de 50 % más caros que en 2022.
En este año, que será especialmente activo en términos políticos, la recomendación es informarse lo mejor posible, conversar con personas de distintos sectores y regiones, escuchar a los candidatos al Congreso y a la Presidencia, evaluar su experiencia y su conducta pasada, hacerse preguntas difíciles, cuestionar y cuestionarse y, por supuesto, ejercer el derecho al voto.
El 2026 no es un año más. Muchas decisiones definidoras del siglo se tomarán en los próximos 360 días. No te quedes por detrás de los acontecimientos. Ve a la par de los sucesos, para que puedas tener mejor perspectiva y mayor capacidad de maniobra.
Que los defensores públicos terminen el año sin recibir sus honorarios no es solo un problema administrativo; es un mensaje peligroso. Como si la defensa de derechos pudiera esperar, como si quienes garantizan el acceso a la justicia fueran prescindibles, como si la estabilidad económica de ellos y de sus familias no importara.