Más de 5 mil personas corrieron por primera vez en este evento deportivo que llegó a Barranquilla para quedarse.
Todos tenemos nuestro 21-99. Y lo ideal sería que cada uno intentara encontrarlo para, sabiendo quién es, dar la batalla con alegría, firmeza y sabiduría. Es desde esa experiencia íntima, original, personal y genuina desde donde podemos ser sujetos de esperanza, exorcizando continuamente los demonios del pesimismo para sobreponernos a todo lo que la vida trae.
Sin perder la objetividad y realismo en los datos del país, tampoco podemos seguir animando la desesperanza, que muchos actores en la sociedad ven con preocupación y que al final no estoy convencido sea el camino para ir hacia adelante. Genuinamente creo en construir sobre lo construido y siempre hay elementos de verdad, aún en la gestión de quienes piensan diferente.
Los Ángeles volverá a levantarse, como lo ha hecho tantas veces antes. Y todos, como testigos o protagonistas, podemos aprender de esta tragedia que lo esencial de la vida nunca se quema: está en nuestra capacidad de amar, de ayudar y de comenzar de nuevo.
Este Jubileo de la Esperanza debe ser una oportunidad para reconstituirse, para reconstruir los lazos rotos y sembrar un futuro lleno de posibilidades. Es momento de restaurar el respeto por la vida, por la familia, por el otro, sin importar su credo o condición.