Barranquilla no se entiende a puerta cerrada ni bajo el aislamiento frío del aire acondicionado. Esta es una ciudad que transpira hacia el bordillo, que saca la mecedora a la terraza al caer la tarde y que encuentra en la esquina más próxima su mejor punto de encuentro.
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Cumplir 213 años de historia, de desarrollo urbano y de resistencia alegre es la excusa perfecta para destapar una cerveza bien fría, de esas que el tendero extrae de la profundidad de la nevera cubiertas con un velo blanco de hielo congelado, cual novia a punto de dar el sí más importante de su vida.
En esta geografía caribeña, la tienda de barrio dejó de ser hace muchísimo tiempo un simple mostrador despachador para comprar la libra de arroz, el cuarto de queso o el sobre de café. Con el paso de las décadas, estos espacios comerciales se transformaron en auténticos templos urbanos, en ágoras modernas donde se discute la política del país, se observan y analizan los partidos del Junior y se celebra la vida misma sin pedirle permiso a nadie.
Es así como EL HERALDO recorrió cinco de los establecimientos más populares para tomarse una cerveza. La Sinuana, 7 Bocas, La Nuevecita, La Fama y La Roma fueron las elegidas para este recorrido lleno de popularidad y alegría.
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Frías en San José
La primera parada imperdible de esta ruta nos sitúa en el barrio San José, en la carrera 21 con calle 40B. En plena esquina de uno de los sectores más populares de la ciudad está La Sinuana.
Este es un refugio abierto donde las infaltables sillas plásticas se acomodan en la terraza y el concepto de encierro simplemente no existe. Moisés Polo, un vecino de la zona que lleva casi siete años “marcando tarjeta” cada fin de semana en este punto exacto, tiene muy clara la diferencia entre pisar este asfalto libre y aglomerarse en las cuatro paredes de una discoteca ruidosa.
“Aquí encuentro un ambiente abierto, como de respeto, hay una buena música, me encanta el ambiente así, coloquial, de bordillo”, dice.
A escasos metros de la mesa de Moisés está Diana Rocha, quien confirma esa misma sensación de libertad absoluta. Ella prefiere este espacio abierto porque la tranquilidad es la norma de la casa y los precios justos resultan un alivio necesario para el bolsillo familiar. Compartir al aire libre con sus parientes y amigos de siempre es un privilegio que los barranquilleros defienden a capa y espada en estos tiempos.
“Me gusta este lugar, porque es un ambiente familiar, tranquilo, donde podemos compartir con amigos, hermanos o primos. Los precios son mucho más económicos. Podemos estar al aire libre aquí, compartiendo”.

Rumbo a 7 Bocas
Siguiendo hacia uno de los sectores que respira cultura, cumbia, tambores y, por supuesto, buena cerveza es 7 Bocas. Ubicado en la carrera 41 con número 63-99 este sector es una institución en sí misma, un nudo vial donde la vida netamente comercial y la calma residencial se mezclan a diario sin chocarse.
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Osvaldo Mejía es uno de esos clientes incondicionales que encuentra en estas sillas la pausa necesaria después de una jornada laboral pesada. Su itinerario es sencillo, pero tremendamente efectivo. Viene a verse el partidito de fútbol, a tomarse tres o cuatro cervezas bien heladas con su compañero de tragos y luego sale directo, a paso firme, a descansar a su hogar.
“Vengo con mi compañero a tomarnos dos, tres, cuatro cervecitas, y enseguida para la casa. Es muy buena la musiquita, el ambiente. No hay problema, eso me motiva”.
Johana Oviedo, quien reside a unas cuantas cuadras de distancia, respalda fervientemente esta visión de tranquilidad absoluta. Para ella, sentarse en 7 Bocas con su grupo inseparable de amigas es la verdadera y más pura definición de gozarse la ciudad.
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“Es un ambiente sano, yo vivo cerca, es seguro y este es el ambiente de los barranquilleros que la gozamos chévere”.

La nuevecita
La ruta sube luego unas cuantas calles hacia el norte y aterriza sobre la calle 68, justo en la esquina con la carrera 61. Allí se erige imponente La Nuevecita, un bastión gigante de la tradición cervecera que ha sabido ganarse el respeto y la fidelidad de las nuevas generaciones.
Dayana Rueda asume con una sonrisa orgullosa su papel de pionera dentro de su círculo de compañeras de trabajo. Ella fue la encargada directa de mostrarles las bondades de este rincón y ahora son todas clientas habituales.
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“El ambiente es chévere, la música es muy buena, y realmente siempre la pasamos muy bien. Aquí vamos a celebrar el cumpleaños de Barranquilla”.
En la mesa contigua, Camilo Gutiérrez comparte ese mismo sentido de pertenencia por el local. Para él, La Nuevecita es sinónimo de historia ampliamente conocida en todo el norte y centro del casco urbano.
“Es bastante conocida aquí en el sector, entonces, esta es una de las mejores opciones que puede uno escoger para pasar un rato. Me voy a tomar una fría para celebrar el cumpleaños”.
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Una bien famosa
El reloj avanza, el tráfico merma su intensidad y la noche invita a continuar hacia la calle 75 con carrera 61 - 12, un lugar con el nombre bien puesto y que no exagera un ápice: La Fama. Este sitio representa la evolución pura de la rumba espontánea al aire libre.
Fredy Lozano es un veterano de mil batallas festivas, que conoce al derecho y al revés la historia entera de los estaderos y la fiesta local. Con esa autoridad moral observa cómo este cruce de calles experimentó un progreso vertiginoso y exponencial durante los últimos tiempos, pasando de ser un paradero modesto a un referente ineludible de la diversión nocturna.
“Creo que el principal motivo por el que la gente viene aquí es a disfrutar, precisamente, de ese ambiente antiguo, que le gusta al barranquillero, que es la esquina. Yo creo que estamos en un resurgimiento de la rumba bacana de Barranquilla. Es un sitio obligado ahora”.
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La Roma
Nuestra ruta cierra con broche de oro en la calle 83 con carrera 71 - 57, en los dominios de la popular tienda La Roma. Aquí llegan los grupos grandes de amigos arrastrando y uniendo mesas para ampliar la capacidad de la charla, vendedores ambulantes ofreciendo fritos calientes o maní dulce, el destapador metálico pasando ágilmente de mano en mano y esa sensación indescriptible de que el tiempo parece transcurrir a una velocidad mucho más amable cuando se está bien acompañado.
La Roma, al igual que su contraparte de La Sinuana, la histórica esquina de 7 Bocas, el bullicio de La Nuevecita y la tradición palpable de La Fama, es un monumento vivo a la forma de ser, pensar y sentir del barranquillero.
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