No hay una sola persona en todo Santo Tomás que frunza el ceño al escuchar el nombre de Shafiq Alí Cerpa Terán, en señal de que debe escudriñar en su memoria con esfuerzo para encontrar el rostro que corresponde a tal firma. Bastan unas pocas paradas en las cálidas casas de este municipio situado en el oriente del departamento del Atlántico para constatar la popularidad y el prestigio del que goza el niño entre sus coterráneos.

Sus once años de edad le han sido más que suficientes para ganar renombre y consagrarse como una de las caras del carnaval en su pueblo. Su niñez ha sido un disfrute genuino de las danzas tradicionales, los disfraces y la música autóctona, apenas sin percatarse de que en el camino da muestra y cátedra de cómo se forja un hacedor desde la cuna.
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Fue su padre, el recordado bailarín y coreógrafo Víctor Cerpa, el primer y más claro ejemplo de cómo vivir el carnaval desde adentro. Lo que comenzó siendo un goce tremendamente contagioso, pues creció viendo los eventos de la fiesta patrimonial como una fuente de felicidad absoluta para su progenitor, terminó siendo la mayor herencia que este le dejó tras su fallecimiento en 2023.

Dos años después de aquella pérdida irreparable, Shafiq Alí cumplió el sueño de ser rey Momo infantil de Santo Tomás, una distinción que ganó gracias a su recorrido espontáneo como bailador excepcional en diferentes grupos folclóricos. Así fue como a sus diez años le dedicó a su padre su primer mandato carnavalero, bajo el lema “La herencia vive”.

La herencia
Hablar del brillo, carisma y talento de Shafiq Alí implica describir primero al inolvidable Víctor Rafael Cerpa Suárez, quien dedicó gran parte de su vida a bailar para el carnaval, convirtiéndose en especialista del son de negro, misma danza que hoy su hijo prefiere sobre las demás.
El niño recuerda con ternura cómo su padre año tras año se vestía en casa con atuendos coloridos para luego salir emocionado a desfilar. Para Víctor era una cita imperdible, pues desde joven descubrió y desarrolló su talento para el baile, primero en la Fundación Boryi, en Santo Tomás, pasando por comparsas y cumbiambas como Prende la Vela y luego liderando y siendo coreógrafo de su propio proyecto llamado Folclor Caribeño, el cual fundó con varios amigos bajo el propósito de consolidar un semillero que conservara las tradiciones del municipio. Con casi todos ganó premios por la excelente puesta en escena.
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Irlena Terán, viuda de Víctor y madre de Shafiq, recuerda que durante el embarazo su hijo reaccionaba dentro del vientre al sonido del tambor y de la flauta. “Mi esposo siempre le colocaba cumbia y son de negro, y Shafiq empezaba a moverse en la barriga. Cuando nació, buscaba con la mirada el sonido y se sonreía. Y el papá le bailaba”, contó a EL HERALDO.

Shafiq fue creciendo, intentando imitar los movimientos del papá al ritmo de la música y, a la edad de 6 años, le llegó su momento de tomárselo en serio. “La primera vez que participó en un evento de carnaval fue para colaborarle a una prima que concursaba en un reinado infantil. También fue la primera vez que él se pintó de negrito y bailó en el show que ella presentó”.
Para esa ocasión y todas las que siguieron hasta abril de 2023, Víctor le transmitió con amor y esmero todos sus conocimientos dancísticos. Igualmente, lo animó a aprender a tocar algunos instrumentos musicales. “El papá le regaló un alegre y lo ponía a practicar. Y en el baile le corregía cada detalle porque, como profesor, era muy estricto. ‘Así no van los pies, métele más fuerza, la mueca no es así, los labios van de otra manera’, le decía Víctor a Shafiq para perfeccionar sus movimientos, sobre todo con son de negro”, relató Irlena.
La pérdida
Shafiq Alí fue la última persona que vio con vida a su padre, en la madrugada del Jueves Santo de 2023. Minutos antes, su madre los había despertado a él, a su hermano menor y a Víctor porque las llamas, principalmente las que se alzaban detrás de la nevera, amenazaban con consumir la casa.
Cuando iban saliendo de la vivienda, todos tomados de la mano, Víctor soltó a Shafiq y se devolvió con dirección a la cocina, donde murió al recibir una descarga eléctrica proveniente de la nevera.
El niño vio a su padre desaparecer entre la oscuridad de la cocina e intentó seguirlo, pero su madre se lo impidió para ponerlo a salvo.
“Esa noche la guaya se cayó del poste de energía y quedó colgada del cable que conducía la electricidad hacia nuestra casa. Debido al alto voltaje, todo en la casa empezó a hacer cortocircuito, por eso botaba fuego la nevera.
Cuando mi esposo se devolvió a la cocina, quizá con la intención de bajar los tacos, recibió la descarga eléctrica del electrodoméstico”, recordó Terán.
Víctor Cerpa recibió un homenaje póstumo en la plaza de Santo Tomás, donde la multitud despidió a uno de los hacedores más importantes y queridos de los últimos tiempos en el municipio.
El reinado
Pasaron los meses y el duelo no desapareció, pero empezó a transformarse. En medio de esa ausencia, Shafiq Alí comenzó a repetir una idea con firme convicción: quería ser rey Momo infantil. Se lo decía a su madre, a los vecinos, a quienes lo escucharan. No hablaba del carnaval como un juego, sino como una promesa.

Lejos de lo que cabría esperar, pese a la pérdida de su padre, Shafiq Alí no vivió su mandato como un tiempo de luto suspendido ni con una alegría impostada; lo convirtió en un período en el que su dolor comenzó a moverse, buscando la forma de salir. Mientras muchos habrían esperado silencio o recogimiento, él encontró en el carnaval una forma propia de honrar a su padre.
Por eso su reinado no tuvo un tono triste. Hubo nostalgia, sí, pero también gozo. “La herencia vive” no fue una consigna forzada, sino una verdad descubierta en el camino. “Quiero seguir llevando en alto todas las enseñanzas que me dejó mi padre”, diría después.
La noche de la coronación eligió bailar son de negro porque allí encontraba sentido. “Cuando bailo son de negro, siento que me puedo encontrar con mi padre”, explica. No habla de recuerdo, sino de reencuentro: de la posibilidad de volver a conectar —aunque no físicamente, sino con el alma— con aquello que creía perdido.

Para Irlena Terán, acompañar ese proceso no fue sencillo al principio. El dolor por la muerte de su esposo seguía intacto y la idea de ver a su hijo celebrar mientras ella aún lloraba resultaba difícil de asimilar. Pero el tiempo y el propio Shafiq fueron marcando otro compás: “Me costó, pero al final lo acepté porque quería que el niño cumpliera su sueño y que le pudiera rendir ese homenaje a su padre”, narró Irlena a EL HERALDO.
El futuro
Para Shafiq, el reinado no fue una meta cumplida, sino un comienzo. Después de la coronación regresó a los ensayos, a los grupos folclóricos y al aprendizaje constante. El carnaval empezó a ocupar un lugar más amplio en su vida: dejó de ser solo homenaje y empezó a convertirse en un territorio propio, donde comenzó a gestarse otra ambición.
“Mi sueño es seguir enriqueciendo todo mi amor por el carnaval y la cultura, y seguir llevando en alto las enseñanzas que me dejó mi padre, pero también, por qué no, ser rey Momo de adulto”, dice.

Shafiq se imagina creciendo dentro del Carnaval, aprendiendo, equivocándose, volviendo a ensayar. Su mirada está puesta más en el proceso que en el título. Si algún día llega a ser rey Momo central será la consecuencia de ese camino, de una historia que empezó mucho antes de una coronación y que se sigue escribiendo cada vez que su cuerpo responde al tambor.
Mientras tanto, baila, crece y sueña sin desprenderse de lo que fue, convencido de que hay formas de amar y recordar que no necesitan silencio, sino son de negro.
















