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En el centro de una cuadra del barrio San Roque, hace más de cuatro décadas, un grupo de niñas del sector se reunía a bailar cumbia frente a la casa de la seño Emilsa, sin imaginar que estaban dando origen a una de las tradiciones culturales más queridas de Barranquilla. Hoy, la cumbiamba El Mambacazo celebra 42 años de historia, mientras su categoría infantil cumple 11 años formando nuevas generaciones.

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Fundada el 11 de noviembre de 1984, El Mambacazo nació como una casa de cultura donde niños, jóvenes y adultos compartían un mismo sentimiento: el latir de la cumbia recorriendo sus venas desde el corazón hasta la última parte de su cuerpo. Con el tiempo, su trabajo ha sido reconocido con 11 Congos de Oro, cinco Marimondas de Oro del Barrio Abajo, placas de excelencia y homenajes en espacios como la Noche de Tambó y el Concejo Distrital.

Pero más allá de los premios y los reconocimientos públicos, su mayor logro ha sido construir una tradición que se transmite de padres a hijos, tal es el caso de Eva Tornecilla y su hijo Santiago, con quien no solo comparte un vínculo familiar sino también la pasión por la música y el baile. “Tenía dos semanas de nacido cuando yo ya estaba bailando en el desfile, tenía la cesárea recién hecha, pero no me importó”.

Un nombre nacido de la música

El nombre Mambacazo surgió como homenaje a la cantante Irene Martínez y a su popular canción Mambaco, que en su época sonaba en cada esquina. Fue la directora y fundadora, Emilsa Torres de Parra, quien decidió rendir ese tributo musical.

“En esa época buscábamos nombres y ninguno nos convencía. Sonaba mucho ese disco, Mambaco, y de ahí nació todo”, recuerda.

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Desde entonces, el nombre quedó ligado a una historia construida con tambores, vecinos, familias y sueños compartidos.

Cuando la infancia tomó forma

Aunque desde sus inicios los niños hicieron parte del proceso, la categoría infantil como grupo formal nació hace once años –31 años después de la comparsa general–, como resultado de un trabajo que venía gestándose desde mucho antes.

Karin Parra, hija menor de Emilsa, recuerda que todo comenzó cuando ensayaba en la puerta de su casa con las niñas del sector.

“Yo tenía ocho años y empezamos a bailar ahí, con las amiguitas. Los papás dijeron: vamos a organizar esto y a crear una cumbiamba infantil”, cuenta.

El grupo participa cada año en el Carnaval de los Niños, el Semillero de la Tradición y los desfiles barriales que se organizan en la ciudad.

Ese impulso inicial se transformó, años después, en El Mambacazo Infantil, con su propio lema, su güiro característico y una identidad propia dentro de la organización.

Actualmente, la categoría infantil está conformada por entre 18 y 20 niños, desde los cuatro hasta los 16 años, bajo la dirección coreográfica de Karin Parra.

“Son niños de verdad. Algunos ya son adolescentes, pero conservan esa esencia que hace especial al grupo”, explica.

Participan en el Carnaval de los Niños, el Semillero, el Desifile del Rey Momo en la 17, y cuando son ganadores del Congo de Oro acompañan al Mambacazo adulto en eventos como la Batalla de Flores.

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Para Emilsa, cada nuevo integrante representa la continuidad de su sueño.

“Muchos de los niños de hoy son hijos de los que comenzaron conmigo. Para mí son mis nietos del Mambacazo. Y ya hasta tengo bisnietos”, dice con emoción.

Más que una cumbiamba, un patrimonio del barrio

Con el paso de los años, El Mambacazo dejó de ser solo del sector donde nació. Su presencia constante en el carnaval y en escenarios culturales lo convirtió en un símbolo para Barranquilla.

“Ya no es solo del barrio. Es de toda la ciudad, porque después de 42 años se volvió una cumbiamba de tradición”, afirma Karin.

Su historia está marcada por el trabajo colectivo, la disciplina y el respeto por las raíces.

Once años después de su consolidación, El Mambacazo Infantil se proyecta como semillero del grupo principal y como garantía de continuidad cultural.

“Queremos que esto siga en los hijos de los hijos, por muchos años más”, expresa Karin.

Hoy, El Mambacazo no solo celebra su trayectoria, sino la fuerza de una comunidad que convirtió la infancia, la música y la memoria en un mismo lenguaje: el de la cumbia. Es una tradición que ha crecido tal como nació, sin fortuna y sin ambición, pero con muchos anhelos de mostrar la cultura caribe, el amor por la danza y la cumbia.

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Hoy, cuando un niño se ajusta el sombrero, toma la mano de su pareja y espera la señal del tambor para salir a bailar no solo está participando en un desfile. Está continuando una historia que comenzó hace más de cuatro décadas en una casa del barrio, entre risas, vecinos y sueños sencillos. Cada paso que dan los integrantes del Mambacazo Infantil es también un paso dado por quienes estuvieron antes: padres, abuelos, maestros y fundadores que creyeron en el poder de la cultura como forma de vida.

En sus once años como categoría formal, el grupo infantil se ha convertido en el reflejo vivo de ese legado. No es solo un semillero artístico, sino un espacio donde se aprende disciplina, respeto, identidad y amor por lo propio. Allí, los niños no solo aprenden a bailar cumbia, sino a valorar sus raíces, a trabajar en equipo y a sentirse orgullosos de su historia.

Familias enteras del sector han hecho parte del proceso cultural durante más de cuatro décadas.