El Heraldo
El atacante Roberto Ovelar intenta conectar el balón de cabeza ante la marca de los zagueros de Millonarios. Johnny Hoyos Soto
Rincón Juniorista

¿Qué pasó en el camerino?: Junior cayó 3-1 ante Millonarios en Bogotá

Después de un brillante primer tiempo, Junior se vino a pique en el segundo período, Millonarios reaccionó y volteó la historia del juego.

De cielo a la tierra. De lo sublime a la decepción. Junior mostró ayer dos caras en la derrota 3-1 ante Millonarios, en el estadio El Campín de Bogotá. Un primer tiempo casi perfecto —no lo fue por la falta de definición—, que le alcanzó para irse adelante en el marcador (1-0), y una segunda parte triste, para el olvido, donde dejó ir un partido que dominaba a placer por falta de ambición.

Los dirigidos por Alexis Mendoza sorprendieron a Millonarios con un fútbol dinámico, agresivo, ofensivo. El ‘Tiburón’ parecía el local, tocando con propiedad, permitiéndose uno que otro lujo, creando opciones claras de gol y haciendo ver mal a un rival que no encontraba la respuesta necesaria para frenar el ímpetu del visitante.

‘Carachito’ se vestía de ‘10’, Escalante era una pesadilla que se movía a sus anchas en terreno albiazul, Vladimir enloqueció con su habilidad a los defensores y volantes del cuadro embajador, que solo pudieron detenerlo a través de la pierna fuerte (más de uno mereció la amarilla, incluso la roja). Ovelar era el socio de todos adelante, a veces haciendo un movimiento de más, pero siendo certero cuando su equipo más necesitaba de su olfato goleador.

Era un recital de buen fútbol, la mejor expresión de un equipo que se sentía cómodo en el campo. El único lunar, la definición. Junior creó hasta cuatro opciones claras de gol y no supo concretarlas. Hasta que el ‘Búfalo’ se inventó un disparo de media distancia, que sorprendió a Vikonis, para adornar la pizarra con el 1-0 a favor.

Era la presentación perfecta, pero todo se fue al piso en la segunda parte. Junior no salió con la misma agresividad, quizá sintiendo el desgaste de la primera parte, y Millonarios, dolido en su orgullo, aprovechó eso para revivir, robándole el balón y de paso el partido.

El cuadro embajador sí que aprovechó su ‘cuarto de hora’ y en 10 minutos le dio la vuelta al marcador, con dos golazos, uno de Robayo y otro de Michael Rangel, que dejaron frío a un equipo rojiblanco que se veía fundido, perdido, grogui, sin alma, sin piernas.

No hubo manera de levantar la cabeza. Junior seguía perdiendo fuerzas y el local se veía cada vez más fuerte. Fortaleza que volvió a verse reflejada en el marcador con el tercer tanto de la noche, el segundo de Rangel, la gran figura del compromiso.

El ‘Tiburón’ perdió una gran oportunidad de llevarse tres puntos de oro de Bogotá. La falta de efectividad, en su mejor momento del partido, volvió a condenarlo, y ya completa cuatro partidos sin conocer la victoria (tres empates y una derrota).

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