El Heraldo
Colombia

Obispo pide perdón por caso de sacerdote que asesinó a mujer e hija de 5 años

Un obispo de la Iglesia Católica colombiana pidió perdón este jueves y dijo estar acongojado por el caso de un sacerdote condenado a 45 años de prisión por el asesinato a golpes de una mujer y su hija de cinco años.

"Nos sentimos muy acongojados y muy tristes", expresó en entrevista telefónica con The Associated Press monseñor Rigoberto Corredor, obispo de la Diócesis de Pereira, a la que pertenecía el religioso condenado.

La víspera un tribunal penal condenó a 45 años y 10 meses de prisión al sacerdote José Francey Díaz Toro, de 56 años, por el homicidio de su compañera sentimental y la pequeña hija de ambos.

"Pedimos perdón por las malas acciones de nuestros sacerdotes, por las acciones que van contra la ley de Dios y la ley humana... y eso no lo podemos admitir", agregó el prelado, quien precisó que el padre Díaz fue suspendido de sus labores como sacerdote desde el momento mismo en que en 2007 fue capturado por el asesinato de María del Carmen Arango y su hija de cinco años.

Monseñor Corredor dijo desconocer el contenido de la sentencia y por eso se abstuvo de hacer un señalamiento directo contra Díaz.

Pero "si eso pasó, pedimos perdón", dijo el prelado al destacar que la Iglesia Católica colombiana cuenta con casi 10.000 curas en todo el país, mayoritariamente católico y donde el caso de la condena ha sido ampliamente desplegado por los medios locales.

El 15 de febrero de 2007, según la Fiscalía General, los cuerpos de Arango, de 32 años, y de su hija, que habían sido reportadas por sus familiares como desaparecidas, fueron hallados incinerados a orillas del río Guática, entre los municipios de Belén de Umbría y Anserma, ubicados respectivamente en los departamentos de Risaralda y Caldas, ambos en el noroeste del país.

"Se determinó que para la fecha de los hechos Díaz Toro fungía como sacerdote en la población de Mistrató (en Risaralda) y desde hacía 12 años tenía una relación sentimental con Arango, quien llegó el 13 de febrero (de 2007) a la casa cural para hacerle un reclamo por otra supuesta relación que él llevaba paralelamente" con otra mujer, agregó el ente investigador.

La investigación arrojó que Arango le manifestó a Díaz su intención de hacer pública la relación sentimental entre ambos, "se registraron los homicidios y se evidenciaron, por un trabajo de luces forenses realizado en la citada casa, de donde trasladaron los cadáveres envueltos hasta el lugar del hallazgo".

La versión es que el sacerdote ante el temor de ser denunciado mató a la mujer y a la niña.

Rubén Jair Arango explicó telefónicamente a la AP que su hermana María del Carmen conoció al sacerdote a mediados de los años 90 en el municipio de Buenos Aires, departamento de Cauca y a unos 330 kilómetros al suroeste de Bogotá.

Según el hombre, el sacerdote empezó a cortejar a su hermana cuando aún era menor de edad. Recordó que su madre empezó a sospechar de aquella extraña relación y que, incluso, en una oportunidad "la sacó arrastrada del pelo de la casa cural".

La relación continuó y hacia 2002 María de Carmen tuvo una hija con el religioso, explicó Arango, quien además dijo estar muy satisfecho con la condena proferida el miércoles contra el padre de su sobrina.

El abogado defensor del sacerdote, Luis Felipe Miranda, comentó telefónicamente que apelará la sentencia contra su cliente por considerarla demasiado alta. Observó que, en segunda instancia, esperan una sentencia de entre 20 y 30 años.

Finalmente, Nicolás Martínez, abogado de la familia Arango, sostuvo que más allá de la condena esperan el resarcimiento económico para los allegados de las dos víctimas, "que está en veremos".

El canal local de televisión Caracol, que dijo haber estado en la jornada en la audiencia pública en la que se produjo la condena, aseguró que una vez conocido el fallo en su contra, Díaz dijo: "Que me perdonen, que me perdonen, que saben que en mi corazón hay bondad".

Al referirse a los familiares de las víctimas, el religioso sostuvo: "Ellos sabían que yo era buena persona y que luchaba mucho por esa amistad. Les pedí ayuda a ellos y no la encontré, pero yo no maté a nadie. Que quede claro para Colombia, el mundo y mi Iglesia: yo no maté a nadie".

El sacerdote está recluido desde 2007 en una cárcel del municipio de Anserma, departamento de Caldas y a unos 202 kilómetros al noroeste de Bogotá. 

BOGOTÁ, AP

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