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Aspecto de los daños por la explosión generados en una zona residencial de la capital libanesa.
EFE
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“Llegaban olas y olas de heridos”: médico colombo-libanés en Beirut

En diálogo con EL HERALDO, el galeno Kamal Naji relata cómo ayudó a atender a las víctimas minutos después de la explosión en el puerto.

La familia de Kamal Naji huyó del Líbano con destino a Colombia en 1991, un año después de que finalizó la guerra civil libanesa. En su nuevo hogar, la isla de San Andrés, Naji culminó su escolaridad. En el 2006 egresó de la Universidad de la Sabana como médico, la “misión humana” que escogió. Tras diez años de experiencia en suelo colombiano, y con doctorados bajo su hombro, Kamal regresó al Líbano con la firme convicción de ayudar a su pueblo.

En diálogo con EL HERALDO, el cirujano estético de profesión relató cómo afrontó el momento de la explosión y cómo recibió maltrato laboral luego de haber colaborado en la atención médica, producto de la brecha social que existe en este país de Oriente Medio.

P.

¿Cómo vivió usted la explosión?

R.

Era un poco más de las 6:00 p. m. Recién llegaba de mi consultorio. Vivo a unos 15 minutos de Beirut. Desde mi apartamento se puede ver la ciudad completamente. De repente sentí un estruendo muy fuerte, hubo una especie de temblor y los vidrios comenzaron a sonar. Enseguida encendí el televisor y pude ver las imágenes de los canales locales. Fue un siniestro total lo que se veía en las imágenes. Sabía que había sido una explosión, pero no conocíamos el origen ni la causa.

Después de unos momentos comenzaron a surgir hipótesis.

Acá en Líbano estábamos muy acostumbrados durante los últimos años a explosiones, pero no de tal magnitud como la que ocurrió, aunque siempre hemos sabido que en cualquier momento podría ocurrir una explosión por la situación política y económica y por los intereses internacionales sobre el Líbano de que sea un país bajo terror. De las explosiones que te hablo han sido para aterrorizar al país y poner en práctica el sectarismo religioso, inclusive se ve en la política.

P.

¿Cómo decidió involucrarse en las labores de atención?

R.

Hubo una llamada tanto del Ministerio de Salud como de la Asociación Libanesa de Medicina para que todos los médicos se dirigieran a cualquier hospital en la capital. Tomé mis cosas y salí enseguida al más cercano, el hospital universitario francés Hôtel-Dieu de France, el que más ha recibido heridos porque está cerca del siniestro. Yo no tengo ningún tipo de convenio con ese hospital, pero la Declaración de Helsinki es bastante clara sobre que cuando existe un tipo de catástrofe cualquier médico puede ingresar al hospital a trabajar.

Ingresé al servicio de urgencias unos 45 minutos después de la tragedia. Era un desastre completo, todo estaba fuera de control. Llegaban olas y olas de heridos. Al ser un hospital universitario se cuenta con residentes e internos, así que como pude dirigí la situación y comenzamos a organizar a los heridos por la gravedad de sus heridas. Unas tres horas después, cerca de las 9:30 p.m., se podría decir que estaba bajo control. Al calmarse la situación me pasó algo que jamás me había pasado, ya que fui víctima del maltrato por parte del personal médico y de enfermería por haber ingresado al hospital a ayudar como voluntario. Esto me afectó mucho porque no me había pasado. Me pregunté: “¿Acaso estoy haciendo algo mal? Estoy reanimando pacientes y atendiendo heridos”.  Me dijeron: “¿Quién eres tú? ¿Por qué entraste aquí? Nosotros no necesitamos a nadie, estamos bien”.

Esto te demuestra cómo es la situación social acá en el Líbano donde no se respeta nada, ni a los médicos ni el tratado de Helsinki, ni el momento del desastre. Escogimos una vida y una misión humanitaria. Decir gracias es lo mínimo que se puede decir luego de haber ayudado a atender voluntariamente a los heridos. Inclusive había heridos que se estaban atendiendo en la calle porque el hospital no estaba en la capacidad de atenderlos.

P.

¿Su familia cómo está?

R.

Mi familia está un poco retirada de Beirut, están cerca de donde yo vivo. Sentimos el temblor y la onda expansiva que parecía como una tormenta de arena. Gracias a Dios, ni en mi familia ni cercanos fueron heridos. Aunque unos amigos de mi ciudad natal (Rachaiya, suroriente) sí fallecieron desafortunadamente. Era una pareja joven, recién casada, con hijos pequeños. Ellos trabajaban en el muelle del puerto, eran funcionarios del Gobierno que trabajaban en la aduana. Estaban en su lugar de trabajo… Fallecieron de manera absurda.

P.

¿Cómo fue la afectación de la ciudad por la explosión?

R.

Hay muchos lugares que solía frecuentar como cafeterías, restaurantes  u hoteles que están completamente destruidos. La onda explosiva afortunadamente, por el lugar de la explosión, se expandió mayormente hacia el mar. En caso de que se hubiese extendido completamente hacia la ciudad el daño sería cinco veces más grande.

No sabía la magnitud del desastre hasta que me dirigía al hospital. Encontré de todo. Vidrios, carros, edificios, todo destrozado. Los primeros momentos fueron de completo terror.

P.

¿Cuál es el ambiente que se respira a varios días del siniestro?

R.

Después de tres días del desastre, la situación, si se puede decir, de la emergencia hospitalaria, pasó en esa misma noche; sin embargo, se destruyeron por completo cuatro hospitales cercanos al lugar, de los cuales dos eran grandes y el resto hospitales medianos. Ahora tenemos una emergencia social, ya que hay 300 mil personas sin casas, sino es más. La gente está ofreciendo sus casas para albergar a los damnificados, pero al mismo tiempo con un miedo muy grande por la situación del coronavirus acá, que siendo un país tan pequeño estamos teniendo entre 150 a 200 personas infectadas diario, está fuera de control. Hay personas que se ponen a pensar: “¿Cómo voy a traer yo a una persona? Sí, compatriotas y todo, pero, ¿cómo lo traigo a la casa sin saber que tiene coronavirus?”. Es un dilema social muy complicado, pero afortunadamente se les están consiguiendo albergues a esas personas.

 Eso sin contar los comerciantes afectados. Centros comerciales, negocios... Todo en el radio de la explosión está bajo un desastre bastante complicado. Es un momento bastante triste en realidad, aunque se destaca que la mayoría de personas que están en este momento removiendo escombros, limpiando la ciudad, es la misma población civil como voluntaria junto a la Defensa Civil, la Cruz Roja y las brigadas de ayuda que han llegado de otros países.

P.

Ya que lo menciona, ¿cómo es el panorama de la Covid-19 en Beirut?

R.

Hay hospitales que están clasificados para la atención de la Covid-19 y los pacientes se trasladan allí. Es un país muy pequeño que se puede cruzar en cuestión de horas, tres máximo, en cualquier dirección cardinal. Por ende, en el momento que hubo la explosión no hubo una mezcla entre heridos y pacientes con coronavirus. Ahora bien, el miedo es que los heridos y las victimas que estaban en la explosión sean positivos por la Covid-19 y allí todos tendríamos el riesgo de ser contagiados, porque te están llegando personas que no sabes cuál es su historial médico. En los próximos días sabremos si estamos contagiados o no, pero igual es nuestra misión.

P.

¿Cómo evalúa que pueda avanzar la situación con el paso de los días?

R.

No sé qué esperar de como avance la situación en los próximos días. El pueblo está con un gran repudio a la clase política, a la clase dirigente por lo que pasó. Nadie puede explicar cómo pueden tener tantas toneladas de un material tan peligroso desde hace seis años en el puerto con conflicto de intereses, abogados, demandas, y ahí estaba. Simplemente, todas las víctimas, los ciudadanos libaneses y los ciudadanos internacionales y todos nosotros como seres humanos fuimos víctimas de una clase de corrupción absurda, no sabe uno qué decir. Ese material pudieron haberlo repartido a agricultores en el Líbano, eso necesita un detonante para explotar, a altas temperaturas no explota. Es bastante peligroso para tenerlo allí.

Anoche hubo una protesta bastante fuerte alrededor de las entidades del gobierno. La gente pide un cambio total del sistema, pero el pueblo no tiene el control de la situación. Solo hay una oportunidad con las elecciones, pero cada quien sigue a su partido político, que a su vez tiene su propia religión. No votan para mejorar el país, a conciencia patriótica, sino para que determinado líder gane.

P.

¿Cómo considera la ayuda extranjera que llega al país?

R.

La ayuda de los países es primordial. Inclusive en la situación del coronavirus y por la situación social y de corrupción política. En el tema económico, la lira libanesa no vale nada frente al dólar, es una devaluación como Venezuela. Nosotros como médicos, para tener un consultorio con los materiales adecuados para trabajar, todo lo importas y lo pagas en dólares porque no hay producción local acá. Tus pacientes, obviamente, no te pagan en dólares, te pagan en liras y sales completamente en pérdidas. Llevamos un poco menos de un año en esta situación, ante la cual los hospitales están en crisis.

Dr. Kamal Naji en su consultorio.

Explosión en el puerto

Un inmenso hongo de humo en el puerto de Beirut rompía la monotonía de la tarde del 4 de agosto en la capital libanesa. En el puerto beirutí, de suma importancia para un país importador, una carga de casi 3.000 toneladas de nitrato de amonio explotó causando hasta el momento un saldo de 158 muertos, más de 6.000 heridos, más de 300 mil personas sin un techo. Indicios apuntan a que la carga llegó a Beirut en 2013 desde un buque de bandera moldava que se averió mientras cubría la ruta Georgia - Mozambique. La nave fue inspeccionada por las autoridades, pero no pudo zarpar por no pagar las tarifas portuarias. Luego, la carga fue despojada y almacenada en contenedores del puerto. El encargado general del puerto, Hassan Koraytem, y el director de la Aduana, Badri Daher, preso en este momento, señalaron que desde 2014 a 2017 enviaron cartas a la justicia alertando del peligro de la carga, pero fueron ignorados. El presidente libanés, Michel Aoun, dijo que “no se descarta hipótesis”.

Beirut bajo protestas

Beirut se convirtió ayer en escenario de violencia con un policía muerto y más de 200 heridos en medio de protestas contra la clase política tras la tragedia que el pasado martes golpeó al país y que ha generado una crisis de la que, según el primer ministro, Hasan Diab, solo se sale con elecciones anticipadas. El hotel Le Gray quedó en el medio de las protestas y un grupo de manifestantes prendieron un fuego a sus puertas lo que llevó a momentos de angustia en su interior.

Durante las protestas, varias docenas de personas que marchaban por la capital irrumpieron en los ministerios de Asuntos Exteriores, Economía y Medio Ambiente. En la sede de Exteriores, que había resultado dañada por la explosión del martes, los manifestantes leyeron un manifiesto contra la clase política del país y desplegaron una pancarta con el lema “Capital de la revolución”. En el edificio que alberga las carteras de Economía y Medio Ambiente se produjo un asalto y un incendio.

Equipo de rescate entre las ruinas de edificios.
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