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Momento en que los fieles congregados en la mezquita de Barranquilla elevan sus plegarias a Allah durante el Salat.
Leinad Pájaro
Mundo

Ramadán en Barranquilla

Desde hace una semana la comunidad musulmana del mundo celebra el ‘Mes del Ayuno’, una de las celebraciones más importantes y representativas para ellos.

Al llegar a la Mezquita hay que estar dispuesto a entregarse a Dios con pureza. Sin importar lo tarde que se llegue o el afán que se tenga, el Wudu es requisito indispensable para postrarse ante Allah. Lavarse las manos, la boca, la nariz, la cara, los brazos, el cabello, las orejas y los pies, en ese orden es el primer requisito para limpiar el cuerpo y realizar el Salat, donde se entra en comunión con Allah.

Y es que en esta ocasión, el Salat es  uno de los  más especiales del año, es el primero que se hará en el marco del Ramadán y se compartirá el rezo en medio del ayuno y el proceso de limpieza del alma.

“Nosotros ayunamos para poder sentir hambre y sed, y no es porque queramos, si no, porque queremos sentir en carne propia lo que padecen esas personas que no tiene que comer o que sencillamente no tiene acceso al agua. Esto crea en nosotros una solidaridad consciente de ayudar al otro”, explica Muhammad Isa Garcia, líder de la comunidad musulmana en Barranquilla y agrega.

“El ayuno se realiza a partir de la adolescencia, cuando un niño llega a la pubertad, empieza su primer Ramadán, aunque este tiene excepciones sobre algunos casos, como los ancianos, las mujeres embarazadas y las profesiones que requieren realizar su actividad, como médicos cirujanos o pilotos de avión, siempre prevalece el interés colectivo sobre el individual”.

De rodillas y con la cabeza en el piso, los fieles oran en dirección a la Meca, lugar sagrado del Islam.

El Ramadán se realiza durante el novenos mes del calendario lunar, que es más corto que el calendario solar, y representa la revelación del Corán a Muhámmad (Mahoma). Durante este mes los musulmanes se abstienen de comer, beber, fumar y tener relaciones sexuales, entre la salida del sol y el ocaso, un periodo de aproximadamente 16 horas que finaliza con el rompimiento del ayuno en una cena en común entre los ayunantes.

“Es muy especial cuando llegan las seis de la tarde y debemos romper el ayuno, es como una Navidad para nosotros; una Navidad que se repite todos los días por un mes. Hacemos cenas y  nos invitamos unos a otros para compartir, invitamos también a vecinos y amigos a que rompan el ayuno con nosotros y conozcan de nuestra cultura”, relata Liliana Anaya, practicante conversa del islam.

Muchos de los que profesan el islam como religión no necesariamente nacieron en países de Medio Oriente, gran parte de la población musulmana en Barranquilla, es nativa de Latinoamérica y que se han decidido dedicar sus vidas a la adoración de Allah por convicción, alternando su vida musulmana con las exigencias del mundo occidental.

“El encuentro cultural que se da en Barranquilla es muy interesante, nuestra comunidad musulmana es muy diversa, aproximadamente un 60% de nuestra comunidad es de origen de oriental y el porcentaje restante es conversa y nacida en América Latina, entonces cada uno tiene una identidad cultural de nacimiento.  Una de las cosas lindas que tiene Colombia, es que es muy abierta a las culturas del mundo, no se asombra con desprecio frente a las costumbres ajenas y siempre les genera mucha curiosidad y respeto y cuando se les explica en que consiste el islam y el Ramadán suelen ser muy respetuosas”, cometa Muhammad Isa.

Muhammad Isa García, líder de la comunidad musulmana en Barranquilla, se dirige a su congregación.

“Para nosotros no es ofensivo si alguien que desconoce el ramadán nos ofrece comida, sencillamente nos colocamos la mano en el corazón y les explicamos las razones de nuestro ayuno, -estoy ayunando para Dios-, uno siempre trata de involucrar a los demás para que entiendan las creencias”, dice Muhammad Isa.

El ayuno en el Ramadán oficialmente inicia en la pubertad, pero desde pequeños se les inculca a los niños los valores del Islam y la convivencia con las demás creencias.

“En los niños es un proceso en el que se les enseña a ser fuertes de carácter y que le digan a sus amigos que sus costumbres son diferentes, y bueno, uno educa a sus hijos lo mejor que cree. Por ejemplo, mis hijos estudian en un colegio no musulmán  y ellos respetan mucho las religiones de sus compañeros y al igual los compañeros hacen con ellos”,  asegura el líder religioso, quien además relata que no son los únicos que conviven con niños y jóvenes de otras creencias.

“Una vez un colegio nos pidió un certificado de que los muchachos eran musulmanes, porque al llegar las seis y  media los estudiantes pedían permiso para salir a comer algo, después de un día completo de ayuno, entonces la institución nos solicitó el certificado de que realmente ellos estaban ayunando”.

Durante los ayunos, los musulmanes se reúnen o realizan oraciones individuales en las que se le “agradece a Dios por todas las cosas que les dan y se le pide que los lleve por el camino del bien”.

“Siempre rezamos inclinados hacia la Meca, (en la actualidad existen aplicaciones móviles que ayudan a la ubicación geoespacial de los musulmanes) es una conexión única, es como estar todos los musulmanes del mundo, orando a la misma vez y hacia el mismo lugar, es algo inexplicable”, relata Liliana.

Las mujeres usan distintos tipos de velos: el hijab cubre la cabeza y deja ver el rostro, el niqab solo deja ver los ojos.

Luego del mes de ayuno, el Ramadán es despedido con un gran desayuno colectivo en el que participan todos los miembros de la comunidad religiosa y en la que los niños son protagonistas de actividades especiales para ellos que incluyen dulces, juegos y recreación, sin duda un final muy esperado para ellos.

Musulmanes repudian atentados. “Los que hacen atentados contra civiles inocentes, no importa que sean de Occidente, de Oriente o de cualquier lugar del mundo, la comunidad musulmana los repudia”, asegura Muhammad Isa García. Y agrega: “Para nosotros eso es un crimen. Los grupos que realizan estos hechos no representan ni el 0,2% de la totalidad de los musulmanes del mundo, somos una de las religiones más grandes  y ciertamente ellos no nos representan y no los compartimos. Además, es injusto que nos estigmaticen dentro de ese grupo tan reducido con el que no nos identificamos”.

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