A sus escasos ocho años, Rafik Neme descubrió una fascinación por los procesos propios de la naturaleza. 'Quiero ser científico', le escuchaba decir su madre a menudo, mientras jugaba a la salida del colegio Alemán de Barranquilla, donde se formó académicamente.
La ciencia empezó a satisfacer su insaciable curiosidad de querer entender la naturaleza. Su atención se centraba en observar los colores y la forma de las cosas. A esa edad, le llamaba poderosamente la atención los rasgos hereditarios ¿por qué los padres se parecían a los hijos? Más tarde, su interés le llevó a querer modificar algunos aspectos establecidos de la naturaleza, por ejemplo, ¿qué pasaría si cierta planta fuera de otro tamaño o color? entonces, con ayuda de ciertos químicos, electricidad y calor comenzó a observar cambios en la vida.
Hoy, después de haber realizado dos posdoctorados en biología evolutiva, este científico barranquillero de 31 años, cuenta con una patente en la investigación para crear moléculas bioactivas con potenciales farmacológicos e industriales, y se destaca como investigador en la Universidad de Columbia en Nueva York.
'La idea fue rastrear secuencias aleatorias de los genomas, usamos un sistema para introducir secuencias de ADN con un potencial para producir ‘algo’ en la célula. Hace 100 millones de años no existían ciertos genes que existen ahora, la aparición de esos nuevos genes en el organismo, nos permiten estudiar de alguna manera la historia, las ‘señales’ de los genes en el pasado. Con la investigación mostramos en Alemania que si le damos herramientas a una célula, será capaz de construir con ese nuevo material', explicó Neme.
Su línea de investigación posdoctoral en genética evolutiva y experimental responde a la siguiente pregunta ¿la innovación molecular es igual en todos los organismos? Para ello, Neme estudia los ciliados, unos de los principales grupos de protistas, organismos microscópicos unicelulares, que se encuentran generalmente en el plancton de ríos, lagos, mares y océanos.
'Los ciliados son organismos muy distantes a nosotros, mientras los humanos tenemos un núcleo por célula, ellos tienen dos núcleos. Entenderlos nos hace pensar que los organismos son universales', precisó. 'Lo trascendental de este estudio es que ahora podemos hacer genes en laboratorio, si a las células con las que trabajamos, le agregamos un pigmento, ella cambiará de color. Podemos generar nuevas moléculas para que las células tengan los efectos que queremos. Asimismo podríamos, eventualmente trabajar con células cancerígenas para producir moléculas que sirvan en la investigación farmacéutica.
Luego de terminar sus estudios en Biología de la Universidad Nacional, Rafik como el mismo lo describe 'se levantó una beca en biología molecular' en el instituto Max Planck de biología evolutiva en Göttingen, Alemania.
Después de la maestría, el doctorado y dos estudios posdoctorales, Neme manifiesta tajantemente que no es un ‘niño genio’, y busca desmitificar un poco la figura de los científicos como personas misántropas e introvertidas.
'Los científicos no somos ‘bichos raros’, ni fracasados socialmente. A mí me gusta bailar como buen barranquillero y divertirme, no andamos en batas blancas y no somos como Sheldon en The Big Bang Theory, de hecho odio ese programa por lo alejado que es de la realidad', dijo entre risas.
Su día a día en el laboratorio de la Universidad de Columbia, uno de los campus universitarios más prestigiosos del mundo, transcurre entre secuenciar genomas (tomar el ADN de un organismo y someterlo a un proceso químico para obtener información) analizar datos, leer y escribir artículos científicos.
Sin embargo, este barranquillero residente en Manhathan, no descarta la posibilidad de hacer ciencia en Colombia. Según el biólogo evolutivo, la ciencia que se financia en el país es a corto plazo, se respalda para la agricultura y farmacéutica, pero no responde a problemáticas globales, que pueden resolver problemas a largo plazo como si existe en países del primer mundo, porque a la larga esos descubrimientos científicos son los que jalonan progreso y desarrollo económico no solo para el sector público, sino también para la empresa privada.
'Tengo una deuda moral con Colombia. Conozco muchos científicos colombianos de alto nivel pero muchos de ellos están haciendo ciencia fuera del país porque no hay un entorno fértil para hacer ciencia, ni promoción activa de la ciencia. Tenemos que empujar la ciencia colombiana desde Colombia', concluyó.


