Todo comenzó el 26 de abril pasado, cuando apareció en el diario español Público una columna titulada “La no violación”. En el artículo, la autora expresaba su indignación ante la sentencia del caso de ‘La Manada’, que condenó a cinco jóvenes a nueve años de prisión por “abusos sexuales” contra una muchacha de 18 años, pese a que el fiscal exigía una pena de 22 años por entender –al igual que un inmenso sector de la sociedad– que había sido un caso de violación.

Una conocida periodista tuiteó la columna en cuestión y animó a las mujeres a contar sus historias particulares de agresiones sexuales con la etiqueta #cuéntalo. Fue el detonante de lo que, en solo cinco días, se ha convertido en una imparable marea de relatos, evocaciones y denuncias que ha trascendido las fronteras españolas y ya ha llegado a América Latina.

Son historias de todo tipo: recuerdos de violaciones y abusos sufridos durante la infancia o la pubertad, descripciones de miedos que se experimentaban en esas edades tempranas por el hecho de pertenecer al género femenino, narraciones de pesadillas que vivieron amigas y que ya no pueden contarlo porque murieron a manos de su agresor o quedaron psíquicamente afectadas...

Quizá lo más llamativo de este foro –al menos si se le compara con el #MeToo surgido a raíz de ‘caso Weinstein’– es que, como acabamos de señalar, no se circunscribe a la exposición de episodios constatables de violaciones y abusos: muchos de los relatos dan cuenta de sensaciones o percepciones de miedo, temor e incluso pánico que asaltaban a chicas cuando andaban por la calle o bajaban las escaleras de su edificio y se topaban con algún hombre que las miraba fijamente de modo lascivo. O cuando un señor próximo a la familia las sentaba en sus rodillas de un modo que recuerdan como lujurioso.

Incluso si algunos de aquellos temores carecían de fundamento, es importante de todos modos que se cuenten, por la sencilla razón de que los miedos forman también parte del gran relato que aún tienen que contar las mujeres sobre las dificultades que han padecido, y siguen padeciendo, en la milenaria sociedad patriarcal.

Esta catarsis colectiva apenas empieza. De momento, los testimonios que se pueden leer en #cuéntalo, más que enfocarse en la revelación de nombres propios, parecen centrados en la narración de vivencias, recuerdos, sensaciones. Y si el propósito de esta experiencia es poner a la sociedad machista ante su espejo, lo están consiguiendo con creces. Nadie con un mínimo de sensibilidad puede permanecer impasible ante estos relatos desgarradores.