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El Editorial | Repensar los callejones

El concurso internacional apunta a desarrollar una estrategia integral de intervención urbana para los callejones del Centro Histórico de B/quilla.

Estudiantes, jóvenes profesionales y docentes de toda América Latina podrán ser parte de la transformación urbana del Centro Histórico de Barranquilla participando en un certamen que seleccionará el mejor proyecto para darle una nueva vida a los callejones de esta zona, convirtiéndolos en un punto de encuentro, referente para la actividad económica de distintos sectores y foco de desarrollo urbano local.

La Gerencia del Centro de la Alcaldía de Barranquilla y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) lideran la convocatoria del Concurso Universitario LAB Ciudades BID 2020 que invita a repensar cómo estos espacios públicos estratégicos pueden ser escenarios positivos para la experiencia urbana. La actriz Sofía Vergara, siempre tan cercana a su ciudad, es una de las impulsoras de la iniciativa.

Buena parte de los momentos más esplendorosos de la historia de Barranquilla se escribieron, a finales del siglo 19, en el Centro Histórico que para entonces era el corazón de la vida social, económica y cultural de esta urbe gracias justamente a su cercanía al Río. Este sector concentraba un 60% de establecimientos comerciales, como tiendas de comestibles y licores, que al ser negocios familiares servían también como espacios de esparcimiento. En el 40% restante, se encontraban el mercado público y grandes almacenes donde se conseguía todo tipo de productos importados.

Recorrer los callejones del Casco Histórico era un placer para los habitantes de una Barranquilla pujante y epicentro del transporte marítimo, fluvial y aéreo de Colombia. Su modernización resultaba imparable, especialmente a partir de 1905 cuando se convierte en la capital del Atlántico. La migración procedente de otras regiones del Caribe colombiano, así como de Europa, Asia y América desencadenó un veloz crecimiento demográfico y enriqueció de una manera notable el patrimonio material e inmaterial de la ciudad: toda una fascinante amalgama de saberes y sabores que alentó la consolidación de una sociedad vanguardista e innovadora.

Sin embargo, en el siglo XX, con la disminución de la actividad industrial y portuaria, los callejones y el Centro Histórico empezaron a perder relevancia comercial y residencial y se quedaron vacíos. Muchas de las edificaciones patrimoniales fueron demolidas y otras terminaron en situación de alta vulnerabilidad con enormes efectos socioeconómicos y de seguridad extendidos durante años.

Es momento de volver a mirar al Centro Histórico de Barranquilla, de trabajar por su recuperación, como se está haciendo con las zonas aledañas al río Magdalena que hoy son nuevamente punto de encuentro de los ciudadanos gracias al Gran Malecón. Apostar por la renovación urbana de este sector e invertir en su preservación no debe considerarse como un gasto improductivo. Por el contrario, es una inversión inaplazable que salvaguarda su incalculable riqueza patrimonial, reconoce nuestra identidad y asegura el desarrollo urbano, económico, ambiental, y cultural de la ciudad.

Es una buena noticia que la Alcaldía de Barranquilla, junto al equipo del Banco Interamericano de Desarrollo, se dedique a generar propuestas de nuevos usos y actividades para el Centro Histórico y para esa red de espacios estrechos por donde discurrió la vida social de nuestros ancestros que valoraban vivir, trabajar o visitar el Callejón del Mercado, el de El Progreso o el Pica Pica, entre muchos otros.

Es una ocasión imperdible para imaginar la ciudad que soñamos y recuperar el espacio público de Barranquilla transformando sus mercados, reorganizando a los comerciantes formales e informales, abriendo posibilidades para nuevos proyectos inmobiliarios en la zona y rescatando el patrimonio de edificaciones como el antiguo Banco Dugand, el Banco Nacional del Comercio, el edificio de la Caja Agraria, la plaza Concordia, el edificio Volpe, Robertico, la plaza San Nicolás y el edificio de Fedecafé, entre otros.

Historia, tradición y cultura, sin duda, pero también generación de empleo y fuente de ingresos para los ciudadanos. Una Barranquilla más inclusiva y con oportunidades en la que no existan espacios segregados se abre paso.

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