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El Editorial | ¡Esto tiene que parar!

Más de 25 niñas y mujeres han sido asesinadas en lo que va de 2021. La violencia las acecha en el interior de sus hogares o en sitios públicos, da igual. Sus victimarios, en algunos casos, están a su lado. Acabar con esta tragedia es imperioso.

Cuatro años tenía María Ángel Molina, la niña raptada en Caldas, cuyo cuerpo sin vida fue encontrado en la desembocadura del río Arma, en ese departamento. Fue asesinada por Juan Carlos Galvis quien confesó que la mató por el odio que le tiene a la madre de la menor.

Once años tenía Maira Alejandra Orobio Solís, torturada, violada y asesinada en Guapi, en el Cauca. Las autoridades investigan este feminicidio cometido en cercanías al Hogar Mónica, lugar de amparo y protección para niños vulnerables. Y Maira lo era. Su agresor – hoy buscado por las autoridades- lo sabía.

Once años tenía Adellys Nahomi Camargo, hija de Erika López, asesinada por su compañero sentimental en el barrio Oasis, municipio de San Alberto, sur del Cesar. La niña intentó defender a su madre del ataque del que estaba siendo víctima por parte de Ramiro Atencio. El sujeto arremetió contra ella dejándola gravemente herida. Murió horas después en un centro asistencial. El doble feminicida se quitó la vida.

Quince años tenía Marbel Rosero, asesinada a machetazos en la vereda El Silencio, corregimiento de Las Mesas, en El Tablón de Gómez, Nariño. La menor le llevaba a su padre el almuerzo cuando desapareció en zona rural.

Diez años tiene el menor que recibió 20 puñaladas de Teófilo Nicanor Landa Cuero, quien tras interceptarlo en plena vía pública, lo condujo a un baño en la vereda Salahonda de Francisco Pizarro, Nariño, donde se produjo la brutal agresión. El niño se encuentra en delicado estado y  el victimario tendrá que responder, según la Fiscalía, por el delito de homicidio  agravado en grado de tentativa.

Angelis Montiel Pinela, de 20 años, se convirtió en la primera víctima de feminicidio en Barranquilla en 2021. La joven, madre de un bebé de un año, fue asesinada por su pareja, Efraín Martínez, quien la agredía y amenazaba de muerte de manera constante. Angelis nunca lo denunció por miedo, sus familiares que conocían los maltratos tampoco lo hicieron. Días después de haberlo dejado, el individuo la siguió y apuñaló en la vía pública. Tras el crimen, fue capturado. 

Con Angelis, serían al menos 25 las mujeres y niñas asesinadas en Colombia en lo que va de 2021. Según reportes de las autoridades, seis de estos feminicidios fueron cometidos por el compañero sentimental de la víctima, uno por su expareja y otros tres crímenes por familiares. En el resto de los casos, el agresor no ha sido identificado.

¿Acaso la crisis desatada por el coronavirus, que ha obligado a niñas y mujeres a quedarse en casa – en distintos momentos – con parejas abusivas y maltratadoras ha tenido incidencia en el recrudecimiento de estas violencias en su contra? ¿O solo es una señal de nuestro absoluto fracaso como sociedad y como Estado para garantizar sus derechos?

Resulta desconcertante comprobar como aumenta la violencia contra la mujer y aún más perverso, conocer casos en los que se responsabiliza a las mismas víctimas de estos hechos. Basta ya de tanta hipocresía: los únicos culpables de los crímenes contra niñas y mujeres son los perpetradores. No hay excusa ni justificación, no puede haber ningún tipo de tolerancia contra los abusos sexuales o asesinatos. Los responsables de estos hechos execrables se aprovechan de la fragilidad de sus víctimas y de la impunidad reinante en casos de abusos sexuales de menores cometidos en sus propios entornos familiares y por sus seres más cercanos. Romper las cadenas del silencio libera a niños, niñas y adolescentes de la sistematicidad de violencias, maltratos y agresiones que los condenan a vivir con miedo.

Cada hecho que atenta contra la vida de una niña o de una mujer debe ser denunciado, no hacerlo es cobardía, es complicidad. Toda la sociedad debe estar del lado de las mujeres, que son hijas, madres, hermanas y parejas. Su protección debe ser garantizada: la violencia no es un asunto privado, merece ser visibilizado para generar un absoluto rechazo, quien calla por vergüenza es también responsable de esta infamia. Nadie puede acostumbrarse a esta tragedia. No más indiferencia. ¡Esto tiene que parar!

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