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Editorial

El Editorial | El tapabocas no es un cuento

Está claro que el uso continuo de este elemento en público, siempre y cuando sea de manera apropiada, cubriendo boca y nariz, es una forma simple y segura de protección frente al contagio.   

El uso del tapabocas no es opcional ni negociable. Lo reiteraba el alcalde de Barranquilla, Jaime Pumarejo, durante su más reciente comparecencia en la que anunció la flexibilización de las medidas en la ciudad, “no usarlo en público conlleva sanciones”, dijo. Quien incumpla la norma se expone a ser multado por las autoridades con un comparendo que tiene un valor cercano al millón de pesos, según el Código de Policía.

Es lo que establece la reglamentación expedida por el Gobierno nacional, a través del Ministerio de Salud, que adoptó las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud sobre el tema. Está claro que el uso continuo de este elemento en público, siempre y cuando sea de manera apropiada, cubriendo boca y nariz, es una forma simple y segura de protección frente al contagio.

Su efectividad para combatir la propagación de la Covid-19 está tan extendida que a figuras tan polémicas y reticentes a su uso como el controversial presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el paciente recuperado del virus, el señor Bolsonaro, mandatario de Brasil, se les ha visto usarlo en sus apariciones públicas, así sea a regañadientes. “Solo Dios y los imbéciles no cambian”, dicen por ahí.

En Colombia, a principios de abril se ordenó la obligatoriedad del tapabocas en los sistemas de transporte público, buses y taxis, así como en las áreas con afluencia masiva de personas, entre ellas plazas de mercado, supermercados, bancos y farmacias y donde no sea posible mantener la distancia mínima de dos metros. También desde entonces el tapabocas es obligatorio para personas con sintomatología respiratoria y grupos de riesgo, como los adultos mayores, quienes tengan enfermedades cardiovasculares o que comprometan su sistema inmunológico, cáncer, VIH y para las gestantes.

Desde el 1 de junio, con la reactivación de más sectores económicos, el Gobierno extendió su uso a todos los espacios públicos y hoy es un componente fundamental en el proceso de recuperación de la vida productiva al ser parte de los protocolos de bioseguridad. Asistir a oficios religiosos, viajar en avión o comer en un restaurante, entre muchas otras actividades regulares, exigirán que las personas tengan puestas sus mascarillas o barbijos, como también se les conoce. Se trata de un acto de responsabilidad y disciplina que con otras medidas imprescindibles como el distanciamiento social y el lavado de manos apuestan por minimizar el riesgo de contagio. Sin vacuna, un comportamiento consciente frente al virus que se mantiene activo es la mejor decisión.

Hoy cuando Barranquilla implementa un nuevo calendario de pico y cédula basado en números pares e impares y reabre sus parques y el Gran Malecón para la actividad física en horarios establecidos, el Área Metropolitana ajusta la operación del sistema del transporte público colectivo para responder a eventuales incrementos en la demanda por la salida de más gente a la calle. Se habilita la totalidad de las 91 rutas que prestan este servicio en la ciudad y en sus municipios vecinos, Soledad, Galapa, Malambo y Puerto Colombia, con cerca de 2.300 buses, que se ampliarán si hace falta. La entidad extremará los controles en el interior de los vehículos para verificar el cumplimiento de las medidas de bioseguridad, como la ocupación que no debe exceder el 35% y, claro, el uso del tapabocas. Indispensable cuando se trata de transporte público.

Durante esta inexorable pandemia, que sigue causando contagios y muertos en todo el mundo, ninguna acción individual detendrá la proliferación del virus, así que el compromiso debe ser de alcance colectivo y enmarcado en un acuerdo absoluto y categórico de respeto por la vida y la seguridad sanitaria propia y la de los demás. Todos a usar el tapabocas, sin excusas ni pretextos, además como toca, no en el cuello, en la mano o en el bolsillo. Ni tampoco para evitar un comparendo de la Policía. Empatía, sentido común, y autocuidado, porque en estos tiempos tan complejos ¡nadie se salva solo!

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