La Organización Mundial de la Salud define la salud mental como un estado de bienestar mental que permite a las personas hacer frente a los momentos de estrés de la vida, desarrollar todas sus habilidades, poder aprender y trabajar adecuadamente y contribuir a la mejora de su comunidad.
Y en ese desarrollo de conceptos deja claro que es mucho más que la ausencia de trastornos mentales como la bipolaridad, depresión, ansiedad o esquizofrenia.
En cualquier caso el bienestar de la mente es un derecho humano universal, por ello ese es el mensaje central de la campaña para conmemorar el Día de la Salud Mental en este 10 de octubre de 2023.
Si bien ya se considera como un hito que la salud mental fuera incluida en los Objetivos de Desarrollo Sostenible en 2015, son muchos los desafíos en torno a las dificultades para su atención, sobre todo en un escenario en el que los problemas –especialmente después de la pandemia por covid-19– crecieron.
Las cifras de la OMS señalan que cerca de un 20 % de los niños y adolescentes del mundo sufren algún trastorno de salud mental, y por otro lado que el suicidio es la segunda causa de defunción entre las personas de 15 a 29 años de edad.
También resulta preocupante que el 3,8 por ciento de la población mundial (unos 280 millones de personas) padezca de depresión, un porcentaje en el que encajan personas de todas las clases sociales, razas u ocupaciones. La depresión toca por igual al desempleado, al asalariado o a un famoso actor o cantante.
El punto es que los trastornos o afectaciones de la mente más comunes, depresión y ansiedad, según la misma OMS, le suponen a la economía mundial un gasto anual de 1 billón de dólares, pero el promedio de gasto público en salud mental está por debajo del 2 por ciento
La pandemia de covid-19 sirvió para poner en el foco de discusión la importancia de la salud mental, pero infortunadamente en la mayoría de países, al menos en los del vecindario, es necesario aumentar los presupuestos para atenderla.
Aterrizando en las preocupaciones colombianas, uno de los factores que evidencia la criticidad e incidencia de los trastornos mentales es el suicidio. También en aumento.
De acuerdo con los registros de Medicina Legal, los suicidios en el país pasaron de 2595 en 2021 a 2835 en 2022, es decir 240 casos más. Y comparando el periodo enero a agosto de 2022 con 2023 el número de casos aumentó en 2023, al pasar de 1860 a 2063.
A todas luces este tipo de indicadores, adicionales a que entre enero y mayo de este año se hayan diagnosticado 1.517.933 colombianos con enfermedades mentales, tiene que alarmar en serio a las autoridades de salud y a los gobiernos en todos sus niveles.
Existe toda una batería de normatividad legal que respalda la inversión en esta materia, incluida la Política Nacional de Salud Mental expedida en 2018 y el documento Conpes 3992 de 2020 que contenía la Estrategia para la Promoción de la Salud Mental en Colombia justamente hasta 2023 con un costo estimado de 1.120.850 millones de pesos.
¿Y de aquí en adelante cuál es el plan a seguir con la salud mental de los colombianos?
La respuesta a esta pregunta habrá que ver cómo se contiene en un proyecto de reforma a la salud que avanza a paso de tortuga en el Congreso de la República, con más dudas que certezas y con enormes cuestionamientos, centrados buena parte de ellos en temas financieros y administrativos sobre quién maneja los recursos y el papel qué jugarán las EPS.
Por lo pronto, desde cada hogar y también en cada empresa es absolutamente necesario ser solidarios y estar muy atentos a las señales que algún miembro de la familia o de los equipos de trabajo pueda estar enviando sobre su bienestar emocional. También es importante que cada persona comprenda que está bien pedir ayuda cuando las emociones y las sensaciones están indicando que la depresión o la ansiedad están tocando la puerta.








