La vida de los demás también va cambiando y requieren encontrarse con nuestra empatía y no con nuestra indiferencia o rigidez que los juzgan. No vivimos solos y nuestros esquemas influyen en los otros y por eso tenemos que cambiar.
Colombia debe preguntarse qué tipo de Estado quiere ser con sus ciudadanos en el exterior. Uno que celebra las remesas, pero desatiende las necesidades básicas de quienes las envían, es un Estado que recibe sin corresponder.
A quienes aspiran a la Presidencia y a quienes integrarán el nuevo Congreso: esta es la reforma estructural que Colombia ha esperado durante décadas. No una más, sino la que puede corregir el desequilibrio histórico entre centro y periferia, cerrar brechas, liberar capacidades regionales y darle al Estado la eficacia que hoy no tiene.
El valor de un agente depende de los datos y de las herramientas a las que accede; por tanto, la superficie de riesgo crece con su utilidad. La respuesta no es aislarlos, sino gobernarlos con el mismo rigor que cualquier sistema crítico.