El discurso también reivindicó algo más profundo que la cooperación militar o económica: la dimensión cultural y espiritual de Occidente. Estados Unidos —recordó— es, en esencia, heredero de Europa, producto de su tradición política, filosófica y democrática. Esa conexión histórica explica por qué ambos continentes comparten no solo intereses, sino destino.
El mundo no va a desacelerar. Las redes sociales y la inteligencia artificial ya están transformando todo. Si no adaptamos la educación para entrenar la concentración, el foco y el pensamiento crítico, no perderemos por falta de talento, perderemos por distracción. No estamos criando una generación más bruta, sino una generación desconcentrada.
Es el tratamiento aplicable para mejorar la salud física, mental y emocional enfocado en la productividad generadora de bienestar social, crecimiento personal, prosperidad, estimulación e inspiración para trazar altos estándares de plenitud, felicidad y riqueza espiritual.
La inteligencia artificial puede ayudarnos a organizar información, a mejorar redacciones, a optimizar tiempos. Pero no puede reemplazar la sensibilidad jurídica, la empatía, la posibilidad de ponernos en los zapatos del otro, la valoración humana de la prueba, ni la responsabilidad que implica decidir sobre la libertad de alguien.