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Nada es lo que parece

El 2 de mayo de 2011 es una fecha marcada en el calendario de la historia. Ese día, un hombre de 35 años nacido en Butte, Montana, estaba llamado a terminar con la vida de Osama Bin Laden. El soldado élite Robert O’Neill de los Navy Seal, alojaría tres disparos en la cara del entonces terrorista más buscado de la historia y terminaría con su vida. 

Es importante revisar lo que es la vida y cómo la vivimos. Algunos hechos nos convocan e invitan y no es bueno pasarlos por alto.

El estallido de un arma de fuego es capaz de formular cuestionamientos trascendentales, y luce como un contrasentido, pues al final, tristemente, los disparos son más respuesta que pregunta, si fuesen lo contrario, muchos de ellos se hubieran evitado. Lo cierto es que generan mucho más que un ruido seco, frío y desgarrado. 

Estoy sentado en la silla de estructura de madera y acero que mira al río, también lo hago yo. He caminado algunos kilómetros ejercitando mi cuerpo, es temprano en la mañana y la temperatura ya advierte su intensidad. Contemplo el paisaje que ya conozco y me quedo mirando las corrientes del viento y del agua sobre el río magdalena, me doy cuenta que van, una vez más, en sentido contrario, entonces pienso que somos como el río mismo; la brisa mueve nuestras aguas en dirección norte y nuestra fuerza interna se moviliza desde el fondo hacia el sur.

Jamás he tenido un arma en mi mano, tampoco conozco cómo funcionan, ni tengo idea de operar alguna. Limpio el sudor de mi rostro llevando el hombro a la mejilla izquierda y mi mano derecha a la frente. Pienso en todos mis intentos, en mis logros y fracasos. Respiro buscando más aire en el aire y mientras mis músculos se recuperan, pienso como ejercicio más mental que físico, en la pregunta que Robert O´Neill aún se hace. 

El 2 de mayo de 2011 es una fecha marcada en el calendario de la historia. Ese día, un hombre de 35 años nacido en Butte, Montana, estaba llamado a terminar con la vida de Osama Bin Laden. El soldado élite Robert O’Neill de los Navy Seal, alojaría tres disparos en la cara del entonces terrorista más buscado de la historia y terminaría con su vida. 

Se han cumplido 10 años de ese hecho, 20 del 11 S, y algunos días del retiro de las tropas estadounidenses de Afganistán y el exsoldado ha saltado de nuevo a los medios y ha dado algunas entrevistas. En una de ellas planteó algo que convoca mi reflexión de hoy y abre un espacio profundo para tratar de entender el camino. O´Neill ha dicho acerca del suceso: “me pregunto; ¿Esto es lo mejor que he hecho en mi vida, o lo peor?”

Al margen del testimonio, él cumplía con una función militar que, entre otras, fue extraordinariamente calificada y aunque la orden era capturarle, si Bin Laden abría fuego o lo intentaba, sería abatido. Así fue. 

Lo que aquí expongo nada tiene que ver con el significado del hecho, con seguridad, hizo lo correcto.

Me alejo de lo puntual y me quedo en lo oculto de la confesión, en lo que hay detrás del planteamiento y pienso: ¿Qué es lo mejor o lo peor que hemos hecho?

Me levanto de la silla, reincorporo mis pasos y mi camino, bebo un poco de agua, reviso las miradas de los caminantes a mi lado, en minutos dejaremos todos nuestros trajes deportivos e iniciaremos un nuevo día laboral, saldremos en busca de la victoria, llevaremos a casa un trofeo o una desilusión, probablemente ambos e invertidos.

Es posible que algunas cosas que parecen ser logro en nuestras vidas, nos cuestionen seriamente y es muy posible que algunas otras que nos rompen el lomo, sean nuestra gran liberación. Aparentemente nada es lo que parece. Para muchos O’Neill fue un gran héroe y casi un redentor. Él aún no lo sabe. 

 

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