Columnas de opinión |

Aquél ciego y caprichoso

Que el amor verdadero, aquél ciego y caprichoso amor, no se encuentra en los bares. Pero era ahí el refugio donde sus sentimientos se allanaban, en medio del ruido y de la risa de la embriaguez prematura de quienes no iban a ahogar sus penas. No siendo más, las luces descoordinadas musicalmente la llevaron por un camino diferente al amor, pero donde la pasión no se agotaba, y luego, cuando apagaron las luces, las ansias del amor habían sucumbido ante los placeres de una noche sin límites ni fronteras. No pudo ser salvada por los colores del otoño,  y solo hasta el invierno, donde el amor, aunque no verdadero, se pregona y se profana, sintió las devastadas vidas de quienes, como ella, lo dieron todo por amor, y por miedo, ahora caminan por la orilla.

Palabras residuales. No se puede confiar en las palabras. Cuando se juntan restan todo sentido a la mirada, abrumándola con equívocos sentidos, anulando la más genuina expresión de amor o de frialdad. Las palabras cuando callan asfixian el alma, con pensamientos o bien con sentimientos, que pudiendo haber sido ventilados daban vida, pero muy pesar de ser enterrados jamás dejarán de vivir. Palabras, solo palabras, que reflejan la inexorable brutalidad humana y que solo podrá ser sanada con la sinceridad de la mirada.

Igual al final solo podréis conoceros por la mirada, la que permanece en la memoria y no la que se esfuma ante el vértigo vocal.

Salir a cuento. Mujeres bellísimas que al mirarse al espejo no encuentran el reflejo de su hermosura, y otras, que esconden sus miedos tras la frialdad de una falsa belleza. Hombres fieles que han sido decepcionados, y otros, que han sufrido el doble por sus mentiras. Conocí la mirada brillante y genuina de un niño feliz jugando fútbol sin zapatos. Oí las plegarias e incesantes oraciones de una abuelita que reza día a día el rosario. Hablé con el intelectual escéptico que de tanto cuestionar la existencia de Dios no sabe si está vivo. Abracé a quien lloraba por desamor en medio de los tragos y lo abracé nuevamente de felicidad cuando encontró el amor. Saludé a quien habiendo tocado fondo salió solo a la superficie. Me reí de la banalidad de un joven que sin hacer nada creía merecerlo todo. Personas que por miedo a perder han perdido el doble. Adictos al trabajo con grandes miedos a ser felices.

Después de las miradas, los miedos, las lágrimas, las oraciones, las sonrisas, la euforia y la frialdad, solo puedo creer que la felicidad es un estado de la mente en el que diariamente nos enfrentamos a nosotros mismos. A los errores y a los aciertos, a llenar el alma de buenos sentimientos, a vivir sin miedo y querer sin temor.

Como dijo Chaplin “Bueno es ir a la lucha con determinación, abrazar la vida y vivir con pasión. Perder con clase y vencer con osadía”

@tatidangond

 

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