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Mama, ¿Qué será lo que quiere Colombia?

Faltan tres meses para las elecciones: ¿cuántos proyectos de inversión se han desbaratado por esta melodía? Es como si la cadencia de Calixto nos empujara el deseo de ser una nación africana y sin fondos extranjeros presentes, empujando desarrollo, hacia eso vamos.

Los desastres de la pandemia están a la vuelta de la esquina. Somos un país pobre, donde 21 millones de personas sobreviven con menos de $360 mil mensuales, 7,4 millones se encuentran en pobreza extrema cuya línea es $145 mil pesos mensuales. Un vaso de agua panela, que tiene 192 calorías, “nutre” a estos compatriotas. El desempleo raya el 15 por ciento y la informalidad supera el 60. Con todo y lo inexplicable, ¡así alcanzamos el 60 por ciento de vacunados! 

Sin éxito trato de encontrar las propuestas sociales de algunos precandidatos y solo encuentro: “Jabalí,jabalí, la catila bi ay”. La mejor interpretación de El Africano, la célebre composición de Calixto Ochoa, el recursivo juglar sabanero. No hay duda de que tiene buen ritmo, gelatinosa y fácil de tararear. Es el lenguaje emocional de la campaña, y estos aspirantes así se suben a la tarima: Cuando se termina el concierto, el público pregunta: ¿Qué cantó?

La ceguera del futuro se ha apoderado de los colombianos. No nos vemos como los venezolanos, pidiendo limosna y utilizando ojos inocentes de hambre para llegar a los bolsillos del menudeo. Han perdido el 75 por ciento del PIB desde el año 2013. Argentina, sombra del pasado, tiene 52 por ciento de inflación: su peso no vale nada. Desde Perú han partido el 4 por ciento de los dineros al exterior -14.6 billones de dólares retirados- a Castillo le gritan “por qué no te callas”, cuando habla la caída del sol peruano se acentúa (12.8% en 2021) La bolsa en Chile se desplomó y hoy ya se fueron el 2 por ciento del PIB en la que fue la nación próspera que conocimos. Su Banco Central registra una partida de US 30 mil millones en los dos últimos años: salida de empresas y hogares. 

“Mama el negro está rabioso, quiere pelear conmigo”. Y estas algunas de las estrofas: reñir con las inversiones forasteras, espantar los capitales que reactiven la economía, crear un clima de desconfianza y especialmente de incertidumbre jurídica, en forma tal que sea un suicidio generar empresa. Faltan tres meses para las elecciones: ¿cuántos proyectos de inversión se han desbaratado por esta melodía? Es como si la cadencia de Calixto nos empujara el deseo de ser una nación africana y sin fondos extranjeros presentes, empujando desarrollo, hacia eso vamos.

No son los tiempos para los cuenteros o versadores. Son los momentos para los argumentos y resultados. La balanza comercial tiembla ante las estrofas populistas de quienes cantan El Africano: aumentar los aranceles de importación, gravar con más impuestos la productividad, es condenar la reactivación de la economía. El resultado: fuga de capitales hacia el exterior que impactará nuestra economía. Sensato abrir las exportaciones y diversificarlas, pero espumoso vender la idea de que productos agrícolas, de la noche a la mañana, puedan cerrar las divisas que nos generan petróleo, gas y carbón. No hay sorbete de frutas que llene cerca del 20 por ciento en los ingresos de la nación por esos rubros.

Y en contradicción a la improvisación, con la sencillez de los logros, sin triquitraques, petardos o primeras líneas, las políticas del gobierno han mostrado hechos: salario mínimo, el más justo en los últimos 50 años; gratuidad en la educación pública, programa masivo en viviendas y gran impulso a las vías de comunicaciones. Qué tal los 15 billones invertidos en salud y el 30 por ciento al Plan Nacional de Vacunación. O los 10 billones de pesos para finiquitar el Acuerdo de Punto Final. Pero el lenguaje emocional lo permite: “cuando yo diga sí …ustedes dicen no”. No importa que haya que imprimir papeles para que el salario mínimo llegue a 1,5 millones de pesos. Los “picós” del populismo irresponsable aguantan todo. 

Las propuestas de campaña llanas no pueden ser aceptadas y mucho menos cuando lo principal es cómo lo dices y lo secundario es lo que dices. Este es el lenguaje emocional y corporal dirigido a las amígdalas del temporal, nuestro regulador, y con vía directa al hipocampo, donde se guardan los recuerdos. El voto es emocional y así se trabaja. “Construiré puentes con Chile”. La gente les cree. Que lo diga cualquiera, la primera reacción sería: “Está alucinando, sea serio. Cómo atraviesa Los Andes.” Esta es la diferencia entre lenguaje emocional y racional.

En psicología de masas, el lenguaje emocional tiene muchos efectos, y entre ellos, la banalidad del mal, el primero. Hay una amnesia de los antecedentes y se excluye de la razón, por ejemplo, muchos historiales. La emoción borra el retrovisor. Y el encogimiento social. No se ven los hechos punibles evidentes. Los cables sinápticos de antaño, oxidados están ahí: esas conexiones nunca se pierden, tienen chispas y hacen cortocircuitos.

Diptongo: Preguntemos con seriedad en este país aturdido y complicado: ¿Qué es lo que va a elegir Colombia?

 

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