El Heraldo

Releyendo

Enero/2016 escribo: “Con referendo, constituyente o plebiscito, y con las variantes de la justicia transicional, la suerte ya está echada y, a menos que suceda algo totalmente inesperado, lo más probable es que haya acuerdo a gusto de unos y a disgusto de otros, por lo que ofrecer desde ahora al grueso de la guerrilla que van a tener cómo y de qué vivir es mucho más importante que diez o veinte dirigentes, comunistas fracasados, aspiren a ser parlamentarios o ideólogos remozados de centro izquierda”.

Nov 13/2015:  “Entonces debemos tener claro que el postconflicto se limita, por los acuerdos a los que llegaremos, a poner a vivir a los desmovilizados, en pagarles mesada y construirles centros rurales de vivienda donde medio paguen las atrocidades cometidas. Nada más”.

Oct/2015: “Está sobre el tapete el tema de la justicia transicional que analiza el cómo y el dónde cumplen las penas, muy cortas o poco largas, los exguerrilleros y demás implicados, luego del anhelado fin del conflicto. Hay propuestas razonables de reclusión en granjas agrícolas, áreas con la suficiente extensión como para que los reos vivan decentemente por lo menos en cuanto a espacio vital”.

Agosto/2015: “la plata no es de él (de Santos) pero además tiene cartas bajo la mesa y seguramente un as que solo mostrará a su propia conveniencia. Lo malo es que no se puede ‘pagar por ver’ una carta bajo la manga. Eso es trampa y, como decía mi abuelita, mijito la trampa sale. Y los castillos de naipes se caen solitos”.

Los anteriores comentarios indican que no estaba en contra del acuerdo y mostraba posibles soluciones a los temas más difíciles a los que le veía alternativas, viables unas y algunas arteras y engañosas, como lo del as bajo la manga ante las exageradas pretensiones de los guerrilleros.

Hoy, cuando ciertamente la suerte está echada, pienso que las pataletas ofensivas de Gaviria, las amenazas de Santos que pide a los empresarios que se entreguen y limpien su nombre, los reparos –ante las evidentes vicisitudes– de Vargas Lleras, las diatribas personales de los escuderos de Santos, la imposible dejación de armas a tiempo, la protección a los miles de menores que no serán entregados para que no los judicialicen, la permanencia de la tropa guerrillera regada por todo el país, el rebusque innecesario de la pregunta del plebiscito que terminó siendo la “que se le dió la gana” al Presidente, son hechos evidentes que no ayudan al Sí.

Si a esto le añadimos que los EEUU han dicho de todas las formas que no retirará todavía a las Farc de la lista de terroristas y que la invitación de Santos a que el Santo Padre postulara jueces internacionales fue razonablemente rechazada por el Vaticano, nos toca reconocer que el tema está enredado y que los que apoyarán el Sí, están cada vez más dubitativos.

Mientras, y por si acaso, ante el punto que crea una fuerza oficial que investigará y perseguirá a los que se opongan a las Farc, no volveré a hablar de Sí o No y me limitaré a hacer respetuosas propuestas a posibles errores del acuerdo. Espero que eso no se vea como oposición a las Farc, es simplemente contribuir a que no continúe la polarización y que los colombianos voten por lo que crean mejor.

fernandoarteta@gmail.com

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