Plebiscito y Constituyente
La división es parte de la idiosincrasia nacional. No llegamos a consensos porque estamos ocupados dividiéndonos. Eso se ha acentuado con ocasión de la negociación de paz. La última división se plantea entre plebiscito y Constituyente.
El plebiscito depende de la bendición de la Corte Constitucional, y la Constituyente, de las fuerzas políticas. También está la posibilidad de un Congresito que saldría del Congreso, mediante un procedimiento legislativo especial, hoy en trámite.
El plebiscito ha sido una propuesta presidencial que no ha gozado del apoyo de las Farc ni de la derecha más radical, y el Gobierno ha tratado de hacerlo factible rebajando el umbral de participación en el proceso aprobatorio.
¿Qué ocurre con cada uno de estos instrumentos y qué rol juega una Constituyente, como lo han expresado las Farc, algunos sectores políticos y la academia?
El plebiscito es un mecanismo de participación mediante el cual se aprueba o rechaza una decisión presidencial, pero no permite aprobar reformas constitucionales. Si pasa el examen de la Corte Constitucional, queda como alternativa para legitimar políticamente las negociaciones y serviría para movilizar y concientizar al país respecto al compromiso nacional, más allá del Gobierno, con los acuerdos.
De darse el Congresito, quedaría conformado por los miembros de las comisiones primera de Senado y Cámara, más doce parlamentarios, y se encargaría de desarrollar los acuerdos.
Por otro lado, se ha planteado convocar a una Constituyente como cuerpo colegiado que permita la participación del pueblo como constituyente primario. Sería un escenario para plasmar y legitimar los acuerdos Gobierno-insurgencia y un espacio de deliberación y decisión para las reformas de fondo que impulsen los grandes cambios aplazados en el país.
La Constituyente se convocaría si es aprobada por un tercio del censo electoral. Su mayor dificultad estriba tanto en la alta exigencia de participación ciudadana como en el riesgo de ser desvirtuada por el auge de los radicalismos opuestos a la paz.
La Constituyente sería una alternativa viable que permitiría un nuevo diseño constitucional para definir una nueva institucionalidad que, en los próximos años, llevaría a cabo las reformas necesarias para cumplir lo pactado en La Habana. Mientras se convoca, podría instalarse la mesa de negociación con el ELN y converger con ambos procesos en un espacio que cierre 60 años de conflicto armado.
La Constituyente se convertiría en el escenario para impulsar las reformas pospuestas históricamente por las élites, y por la falta de voluntad política del Congreso para impulsar cambios estructurales. Es una nueva oportunidad de construcción de un país en paz, donde el Estado abra paso a cambios que favorezcan a las mayorías. Por eso es imperativo que el pueblo se manifieste y que el plebiscito sea la antesala de la Constituyente.
carloseduardocaicedo@gmail.com
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