En el último artículo que me publicó EL HERALDO me refería al absurdo comportamiento de nosotros los peatones, una mayoría que tiene la incivilizada costumbre de no respetar la norma para transitar las calles: insistimos en hacer lo que más nos convenga, aún a riesgo de perder la vida o quedar con discapacidades que nos convierten en un peso para la familia y la sociedad misma. Sin embargo, eso no excusa la forma como se conduce en el Caribe, aterradora para el resto del país, donde encontramos verdaderos ejemplos de civilidad en las calles, caminos y carreteras. Nadie nos supera en conducción atrabiliaria, agresiva y despreciativa de la vida ajena, aunque hayan otros municipios donde la barbarie de los conductores y peatones va pareja con la nuestra, aunque son los menos.
Sugerí en ese artículo la bondad del pico y placa para vehículos particulares, en lo que me sostengo, pero uno de mis más respetados corresponsales, Ben Schmulson, me hizo puntualizaciones que me permito someter a la consideración de ustedes, con el ánimo de que todos contribuyamos a definir qué es lo necesario para mejorar la crítica situación de movilidad, haciendo excepción de los actuales desvíos con trancones debidos al programa de reparación de la capa de rodamiento, hoy muy parecida a un queso Gruyére. Dice Ben: “en todas partes del mundo ha fracasado. La gente de estrato seis recurre a comprar segundo carro. Se benefician los vendedores de carros nuevos y usados y el municipio con impuestos de rodamiento adicionales y lo que se intentaba proteger, el tráfico, sigue igual. ¿Sabes que en las ciudades donde han eliminado semáforos y dejan que sean los conductores los que regulen el paso a discreción se fluye más rápido?” Luego enumera medidas complementarias que resumo: transporte público eficiente tipo metro, más buses, vías en buen estado, cooperación entre conductores y educación ciudadana sobre conducción y uso de las vías públicas.
Claro que ese es el ideal: en la Caracas prechavismo circulábamos así, sin semáforos y cooperando los conductores y se lograba un tráfico fluido maravilloso. ¿Pero, estamos nosotros en Barranquilla y toda la costa Atlántica capacitados para respetar al otro y ceder la vía en forma ordenada en las esquinas? ¿Comparativamente, cuántos ciudadanos de estrato seis se enfrentan a los de los demás estratos donde la moto ha reemplazado al carro colombiano, aquel imbatible Renault 4? ¿Dónde están enseñando las formas de usar el espacio público con decencia? La propuesta de Ben Schmulson es excelente, ojalá la administración distrital la tome en cuenta y oigamos a los candidatos que van tras la alcaldía y la gobernación hablar en profundidad de su decisión de enseñar cultura ciudadana, barrio a barrio, puerta a puerta, como la venta de detergentes en empaque para una sola aplicación.
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