¿Cómo puede una región evolucionar y aspirar a desarrollar todo su potencial productivo si en lugar de garantizar mejores condiciones de vida para sus habitantes, estas se pauperizan aún más? Esta situación que viven hoy nuestros departamentos costeros, donde abundan los barrios subnormales, las altas tasas de subempleo y desempleo, y hasta hambruna infantil, etc., es ratificada por los últimos datos del Dane sobre pobreza en el país.

La Región Caribe, que históricamente se ha caracterizado por la gran desigualdad económica y social, y una importante brecha de rezago con la Colombia andina, empeoró aún más su realidad social al pasar en solo dos años de tener a un 26,4% de personas en situación de pobreza multidimensional, en 2016, a un 33,5% en 2018. Además, el global del país es de 17,8 en 2016 y del 19,6 en 2018.

El concepto de pobreza multidimensional tiene en cuenta logros o carencias en las dimensiones de educación, niñez y adolescencia, trabajo, salud y servicios públicos domiciliarios, lo cual lo hace un buen indicador en las mediciones de pobreza en una sociedad.

El panorama es tan preocupante que nuestra región lleva la delantera en pobreza en el país, por encima del también golpeado y abandonado Pacífico. Es clave analizar que mientras en las cabeceras municipales del territorio nacional el porcentaje de personas con pobreza multidimensional es del 13,8%, en los centros poblados y rural disperso es del 39,9%; es decir, que el nivel de vida y las privaciones de la población en este último grupo siguen siendo más graves que las del resto.

En columnas anteriores he abordado esta triste realidad de la movilidad social estudiada por la OCDE, con base en los ingresos familiares, que advertía que los niños nacidos en una familia de bajos ingresos en Colombia tardarían al menos 11 generaciones en alcanzar el ingreso promedio y posicionarse en un nivel socioeconómico medio; es tanto como decir que sus posibilidades de avanzar son prácticamente inexistentes. Si ese es el escenario global colombiano, ¿qué se deja para el Caribe en donde la pobreza multidimensional cobija a una mayor población?

Bogotá, Valle del Cauca y Antioquia son los entes territoriales con menor incidencia de pobreza multidimensional, al tener un 4,3%, 13,6% y 17,1%, respectivamente. No es lógico que la distribución de los recursos nacionales para inversión social y desarrollo de infraestructura siga privilegiando a los entes territoriales del Triángulo de Oro, con mayor desarrollo económico y social, en desmedro de la Colombia periférica. Por ello se hace necesario redefinir una política redistributiva que permita apalancar el cierre de estas ignominiosas brechas regionales.

Estas grandes diferencias no permiten construir una verdadera unidad nacional y que todos los colombianos sintamos –independientemente de que habitemos o no las cúspides andinas–, que vivimos en una madre patria justa.