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Opinión

Aventura espacial

¿No será ese el destino del espacio redentor, convertirse en decenas de años en un basurero de pedazos de satélites, fragmentos de naves espaciales, desechos tóxicos a la deriva?

En un momento en que un virus ha complicado considerablemente la manera de viajar sobre la tierra, un puñado de hombres de negocios súper ricos se han propuesto volver el mundo espacial más accesible, escribió el editorial del periódico francés Le Monde a propósito del viaje al espacio que el pasado 20 de julio emprendió Jeff Bezos, fundador del gigante Amazon con otros pasajeros  a bordo de una nave espacial.

El próximo tres de agosto, se cumplirán 529 años del día en que tres naves partieron de Palos de Moguer, España, al mando de Cristóbal Colón hacia el océano Atlántico en busca de una ruta, navegando por el oeste, hacia las Indias. Hace 50 años, un 20 de julio, vimos por televisión cuando Neil Armstrong dio los primeros pasos sobre la Luna. La llegada de astronauta tuvo millones de espectadores que seguían sus pisadas sobre el suelo lunar, que no tenía ya nada de poético como en el Nocturno de Silva :“Y la luna llena, por los cielos azulosos, infinitos y profundos, esparcía su luz blanca…”. La llegada a la luna se vio como una hazaña humana y  tecnológica de proporciones incalculables que no daba lugar para ver “las sombras del amor por la luna proyectadas”.

La llegada del Almirante de la mar Océana, como lo llamaban, a la isla Guanahaní tampoco tuvo un carácter romántico pero sí el asombro religioso medieval de haber descubierto el Paraíso que la Biblia describió en el libro del Génesis y que él se imaginó reencontrar admirando la belleza de los archipiélagos y los bosques tropicales que la Vieja Europa creía haber perdido ante el avance de la civilización, las guerras y las pestes. Pero al Caribe trajeron los contagios de enfermedades que no conocían los indígenas, la servidumbre, la colonización.

La aventura moderna de dejar la tierra y buscar en el espacio un lugar para el turismo, negocio que se vislumbra próspero pero caro porque será de élites, ya se está mostrando como una evasión de este mundo demasiado poblado, feo, contaminado y que no ofrece aventuras para quienes tienen los sentido insaciables de novedades. Todo ello plantea, sin embargo, inquietudes éticas como lo observa Jacques Arnould : ¿ pasar unos días en la Estación Espacial por la nada despreciable suma de 30 millones de euros constituye un progreso para la humanidad o un negocio redondo del mercado?¿Se trata de salvar la especie humana de la extinción? ¿La Tierra se encuentra en tan mal estado que es necesario considerarla como chatarra? ¿No será ese el destino del espacio redentor, convertirse en decenas de años en un basurero de pedazos de satélites, fragmentos de naves espaciales, desechos tóxicos a la deriva?

El hombre ha convertido los paraísos bíblicos, los de América recién descubierta, las islas del Pacífico que encantaron una vez a pintores como Paul Gauguin, en cementerios marinos de plásticos, botellas, peces muertos por falta de oxígeno. Nada garantiza que el turismo  espacial no vaya a hacer lo mismo : llenar los cielos con más desechos, contaminando la atmósfera. La la Tierra quedará abajo, sin respirar aire puro.  

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