La poesía se escribe palabra por palabra, verso a verso, y Luz Eugenia Sierra la edita Letra a Letra.
Letra a Letra es, en efecto, el nombre del sello editorial creado por esta intensa antioqueña nacida en Andes (el mismo solar nativo de Gonzalo Arango, el poeta fundador del nadaísmo), y con el cual ella viene publicando desde octubre de 2014 una colección de cuadernos de poesía que bien vale la pena registrar, y no solo por el hecho de que ayer se haya celebrado el Día Mundial de la Poesía.
Hace poco, salieron al público las tres más recientes entregas de esta colección, a saber, la 5, 6 y 7, que corresponden a los títulos Casa sin puertas, de Óscar Hernández; Doctor Kafka, de Juan Gustavo Cobo Borda, y Shir (canto en el umbral), de Mónica Gontovnik, respectivamente. En el curso de 2015, habían aparecido Una palabra cada día, de Gustavo Adolfo Garcés; Poesía selecta, de Piedad Bonnett, y La noche en el espejo y otros poemas, de Lucía Estrada. Y un año atrás, la colección se había lanzado con Voz que se queda, de Luis Aguilera.
Ninguno de estos libros llega a las 100 páginas (oscilan entre las 38 y las 90). Es decir, pertenecen, y así se presentan, como he dicho, al querido formato de los “cuadernos de poesía”, que en la lírica colombiana tienen tanta tradición, hasta el punto de que algunos no sólo se constituyeron en el núcleo alrededor del cual se formaron ciertas corrientes o movimientos, sino que además les dieron nombre a éstos. Tal es el caso de Piedra y Cielo, uno de los más importantes del siglo XX en Colombia, que surgió de una colección de cuadernos homónimos publicados entre 1939 y 1940 bajo el patrocinio de uno de sus integrantes, Jorge Rojas; y tal el caso también de Cántico, título de una serie de cuadernos publicados en Bogotá a partir de 1944 y que dio lugar a un notable grupo así llamado –¡fue incluso conocido por ello también con el nombre de los Cuadernícolas!–, si bien después sus miembros fueron asimilados al grupo de Mito.
Desde luego, los siete poetas hasta ahora difundidos por la colección Letra a Letra no integran grupo de poesía alguno. Pertenecen ellos a las más diversas generaciones: uno es de 1925; otro, de 1948; otros son de la década de 1950, y el más joven, o la más joven, que es Lucía Estrada, es de 1980. Nada indica tampoco que una misma poética los una. Todos, eso sí, inscriben su expresión en el vasto círculo de la poesía moderna, que tiene en Baudelaire, Rimbaud y los surrealistas a sus grandes fundadores y desarrolladores.
No terminaré esta reseña superficial sin destacar el hecho de que Luz Eugenia Sierra configura el caso admirable de una editora que, en sus 34 años en esta actividad, le ha apostado siempre a la poesía, en contravía de la gran mayoría, que se resignó a la nueva (y supuesta) verdad según la cual este género es ahora un pésimo negocio editorial.
@JoacoMattosOmar








