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Opinión

Todos a prueba

Sin temor a equivocarme puedo afirmar que nunca antes en la historia de la humanidad científicos, gobiernos y sociedad civil habían trabajado a nivel global tan unidos persiguiendo un objetivo común: controlar y erradicar la COVID-19.

Condiciones como la desnutrición infantil, la violencia de género o incluso la contaminación atmosférica, solo por citar rápidamente algunas, nunca lograron, más allá de declaraciones grandilocuentes, el concurso decidido a escala planetaria de fuerzas tan poderosas como las descritas antes. Solo algunos “negacionistas” y amantes de las teorías conspirativas, apoyados en la cada vez más peligrosa pseudociencia, se han aventurado a desestimar el nivel de amenaza de esta pandemia en términos de bienestar social. Con la ventaja de ir temporalmente atrás en la evolución de la calamidad, y de trabajar en una institución donde el acceso al conocimiento solo se limita por la capacidad que se tenga para asimilarlo, me aventuro en las próximas líneas a exponer algunas ideas en las que resumo mi visión del momento epidemiológico que vivimos.

El crecimiento de los casos a un ritmo mayor de la media nacional en nuestra Región inquieta. Casos vamos a tener pues estamos en una epidemia, y debemos aprender a vivir con los reportes crecientes en las próximas semanas, especialmente con el retorno a algunas actividades. Lo que no podemos hacer es subestimar el impacto de un contagio masivo indiscriminado en un corto período de tiempo. En todas las latitudes donde ha sucedido, esto desbordó la capacidad de los sistemas de salud. Las estrategias de confinamiento del gobierno nacional y local han mostrado de manera decidida estar orientadas a prevenir cada caso.

Como sociedad debemos apoyar esta estrategia. Ya sabemos el papel que un solo paciente puede llegar a tener en la propagación de la infección. Si podemos, quedémonos en casa porque de nosotros también depende que el número de casos no crezca. Si tenemos que salir el lavado de manos, el uso correcto de tapabocas y el distanciamiento social, son las medidas más efectivas hoy probadas para sobrevivir a la pandemia.

A pesar de las limitaciones del mercado mundial y de las escazas capacidades regionales con las que nos agarró esta pandemia, hemos aumentado nuestra capacidad para realizar pruebas diagnósticas para la COVID-19 en tiempo récord, pero aún necesitamos crecer más. Está claro que la reducción de la cadena de trasmisión o la supresión de ella no depende únicamente de laboratorios haciendo pruebas. De hecho, hoy en día con la sola sospecha que justifique la toma de la muestra se da orden de aislamiento preventivo mientras se reporta el resultado.

Factores adicionales como la técnica de la toma, uso de pruebas de dudosa calidad, o resultados que se prolongan más allá del tiempo aceptable por estándares internacionales, deben ser controlados para poder obtener todo el beneficio del testeo activo y generalizado que deseamos. Necesitamos más pruebas, pero de buena calidad, bien tomadas, bien interpretadas y reportadas oportunamente.

Ha quedado evidenciado que la falta de solidaridad no es exclusiva de un estrato socioeconómico. Con los primeros casos la responsabilidad del contagio se colocó en los clubes sociales, y ahora se movió a las tiendas de barrios. Es hora de convencernos de que para el virus solo existen susceptibles o inmunes, o muy pronto la esperanzadora cifra de pocos hospitalizados cambiará, como cambió en Guayaquil y Cartagena. Necesitamos intervenciones que ayuden a modificar comportamientos, por supuesto acompañadas de decisiones individuales de cambio de actitudes frente a la amenaza.

PD: Con tristeza despedimos al “Pez letrado”, compañero, amigo y contradictor científico que partió. Paz en su tumba y consuelo en sus recuerdos para quienes lo extrañamos.

Email: hmbaquero@gmail.com

Twitter: @hmbaquero

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