El Heraldo
Opinión

Entre la 5ª y la 9ª

Los que vivimos en países con menos recursos económicos y sistemas de salud vulnerables no estaremos en los primeros lugares.

El pasado 16 de diciembre se conmemoraron 250 años del nacimiento de uno de los dioses del olimpo musical, Ludwig van Beethoven, lapso en el cual sigue vigente su música, a unos niveles que llaman la atención por su popularidad en una conversación frente al mar Caribe, a miles de kilómetros de Bonn, Alemania, donde nació el genio, al utilizar las cuatro notas del inicio de su Sinfonía N° 5 en Do menor, op. 67, para denotar una situación de tensión: “Entonces, llegó el man y ta-ta-ta-taaaa”. Traducción popular del sol-sol-sol-miiii que utilizó el compositor para explicar que se trata de La llamada del destino, tal vez refiriéndose al suyo porque, para esa época, ya estaba bien jodido con la sordera. Tanto así que, en un testamento, dijo que estuvo a punto de quitarse la vida y que sólo continuaba en este mundo por el arte. Qué vaina linda.

Coincide esta conmemoración con los cuatro golpes en la puerta de nuestras casas de la llamada que le ha hecho a nuestros destinos una virosis que anda por ahí y que, al parecer, viene con familia porque, según dicen, hay una cepa nueva. Si a Beethoven le tocó el agitado período de las guerras napoleónicas, la crisis en Austria y toda la conmoción europea, a nosotros nos correspondió un enemigo universal no visible al ojo común, pero de una letalidad que asusta y que ha quedado reflejada en las estadísticas de todos los países a los que ha  llegado. El compositor utilizó el tono de do menor en varias obras de esa época, porque esa tonalidad se define como tempestuosa, heroica; no podía ser de otra manera para que coincidiera con el espíritu de los tiempos. Nosotros estamos llenos de todo tipo de dudas frente a la emoción de nuestros tiempos, emoción gris, temerosa, depresiva, no hemos encontrado su tonalidad, ni en los individuos, ni en el laboratorio.

Los líderes de los países que deberían tomar las riendas de esta situación, en concordancia con los países menos desarrollados, no se ponen de acuerdo entre ellos porque no hay una idea centrada en beneficio de todos, sino la defensa de sus territorialidades. Comprensible. Los que vivimos en países con menos recursos económicos y sistemas de salud vulnerables no estaremos en los primeros lugares a la hora de las grandes decisiones.

Con el actual espíritu de los tiempos, lo que se me ocurre para conmemorar a mi músico favorito y felicitar a los que se han cuidado y no tienen síntomas, es el coro de la Sinfonía N° 9 en Re menor, op. 125, lo único a celebrar.

¡Alegría, hermoso destello de los dioses, hija del Elíseo! Ebrios de entusiasmo entramos, diosa celestial, en tu santuario. Tu hechizo une de nuevo lo que la acerba costumbre había separado. Todos los hombres vuelven a ser hermanos allí donde tu suave ala se posa. Aquel al que la suerte ha concedido una amistad verdadera, quien haya conquistado una hermosa mujer, ¡una su júbilo al nuestro!

haroldomartinez@hotmail.com

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