El Heraldo
Opinión

Un mundo divino

La violencia, la suerte, el amor, el odio, la enfermedad y la muerte, entre tantos otros demonios que no viven en el infierno sino en el plano terrenal son fuerzas que, para bien o para mal, nos mueven. 

Mi relación con el mundo de Dios siempre ha sido un verdadero misterio. Cuando era niña escuchaba la misa con la seriedad que merecen las ceremonias solemnes, sin entender del todo bien qué era lo que íbamos a hacer a la iglesia. Mientras el cura hablaba, yo detallaba el rostro de todos los santos que estuvieran a mi alrededor, quizás buscando en ellos un poco de realidad, algo que me dijera que no eran solo unos delicados muñecos de gran tamaño que, de caerse de donde habían sido pegados por algún albañil, se partirían en pedazos. Sobre eso y más me hizo volver a pensar la serie ‘Hombres de Dios’, dirigida y escrita por Roberto Flores Prieto y Carlos Franco, quienes supieron plasmar mucho de lo divino y de lo humano en seis profundos capítulos. 

La violencia, la suerte, el amor, el odio, la enfermedad y la muerte, entre tantos otros demonios que no viven en el infierno sino en el plano terrenal son fuerzas que, para bien o para mal, nos mueven. Eso es lo que narran historias como la que se ubica en el año 1554, protagonizada por el colombiano Julio Sánchez Cóccaro y el español Manuel Navarro, quienes interpretan al obispo Fray Gregorio Beteta y al sanguinario conquistador Pedro de Heredia; un hombre de Dios y otro del diablo.

Ad portas del viaje de regreso a España, donde el fundador de Cartagena debía ir a rendir cuentas ante el Consejo de Indias por sus incontables crímenes, en una conversación tan densa como extensa, el fraile y el colono emprenden un recorrido por los enrevesados caminos de la moral cristiana. ¿Quién pierde al final del cuento? En el debate entre ambos personajes, que gira en torno a la doctrina “con amor y sin armas” de la orden dominica de la época, la perdedora no es otra sino la humanidad. 

Ese capítulo de la miniserie que fue transmitida por Telecaribe lleva a la conclusión dolorosa de que la fuerza de la iglesia evangelizadora no habría sido tal si no hubiese existido una conquista depredadora, violenta. Es la relación entre Iglesia y Estado una piedra en los zapatos de la fe. Así lo creo yo, al ver cómo la historia da cuenta de tantos acontecimientos en que los poderosos se han valido de la creencia popular tanto para levantar y destruir imperios, como para dirigir los destinos de las naciones, indicando según sus dogmas cuál es el político que mejor los representa.  

Durante su confesión con el dominico, al Pedro de Heredia de la serie rodada en el Caribe colombiano lo persigue la muerte reencarnada en una mosca atormentadora. Ese encuentro se da justo antes de que zarpe el barco en el que Heredia naufraga. Si la justicia divina existe, sería esa entonces una forma perfecta de sepultar la maldad, ¿o no?... Vuelve el dilema moral de nunca acabar.

Fui bautizada, recibí la comunión, hice la confirmación, y casi todos mis logros académicos tienen el sello de una institución católica; sin embargo, no soy muy católica que digamos. Aun así, me considero una mujer de fe; y ello no me quita el derecho de reflexionar sobre hechos reales, aunque parezcan inverosímiles, como el ocurrido en días pasados en un parque de El Silencio donde una estatua del Sagrado Corazón le cayó encima a una niña de cinco años y le quitó la vida. 

@cataredacta

Facebook
Twitter
Messenger
Whatsapp

Más Columnas de Opinión

El Heraldo
Javier Castell Lopez

El momento de Junior

Nunca he podido interpretar con alguna certeza el sismógrafo ambiental alrededor de los momentos menos favorables de Junior. Mi nivel de sicología de masas es verdaderamente muy bajo. Además, porque el vaivén de las emociones van desde los cua

Leer
El Heraldo
Julio César Henríquez

Dudas simuladas

Dudar es un ejercicio intelectual provocador, incisivo, contundente y temerario. En ocasiones es un síntoma del carácter desconfiado, ególatra, narcisista o asocial. El prólogo de la sospecha es la presentación en la narrativa descriptora de

Leer
Ver más Columnas de Opinión
X
COMO REPORTAR A WASAPEA
1. Agrega a tu celular el número de Wasapea a EL HERALDO: +57 310 438 3838
2. Envía tus reportes, denuncias y opiniones a través de textos, fotografías y videos. Recuerda grabar y fotografiar los hechos horizontalmente.
3. EL HERALDO se encargará de hacer seguimiento a la información para luego publicarla en nuestros sitio web.
4. Recuerda que puedes enviarnos un video selfie relatándonos la situación.