Se acercan las elecciones para Cámara y Senado. Debatimos sobre las elecciones presidenciales y pocas veces sobre el Congreso. Se nos olvida –o desconocemos– la importancia de elegir buenos senadores y representantes a la Cámara. Su rol es fundamental para el desarrollo de la democracia, algunas de las decisiones más trascendentales del país dependen de ellos.
Colombia es un Estado de derecho y está divido en tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. El legislativo se encarga de debatir las leyes, aprobarlas o rechazarlas. Ejerce el control político del Gobierno y participa en “las elecciones de magistrados de la Corte Constitucional, contralor, procurador y defensor; y cualquier reforma constitucional requiere de su aprobación”. Las elecciones para Cámara y Senado son tan relevantes que su poder político puede hacer que un presidente termine convertido en monigote. Por el contrario, si el presidente tiene el apoyo mayoritario del Congreso podría hacer con el país lo que quisiera. A menos que la Corte lo detenga.
El problema es que no prestamos la atención que merecen las elecciones para Congreso. Por lo general, elegimos políticos corruptos e ineficientes. Esto se vuelve una bazofia de beneficios personales, de favorecimiento a los grandes grupos empresariales y al Gobierno de turno. Desaparece el objetivo primordial y los ciudadanos perdemos la posibilidad de un futuro diferente, más digno y justo.
Son varios los aspirantes a Cámara y Senado. Empecemos por lo malo para terminar con el postrecito de lo bueno. Votar por candidatos que heredan las curules de aquellos que son investigados o condenados es inaceptable. ¿Qué nos hace pensar que los sucesores de Musa Basile o Kiko Gómez van a llegar a cambiar el comportamiento corrupto de sus padrinos políticos? ¿Por qué algunos partidos como Cambio Radical, Centro Democrático, Partido de la U, Liberal y Conservador siguen permitiendo que candidatos con procedencia dudosa participen en sus listas? ¿Por qué los caciques políticos escogen a dedo a sus candidatos y casi siempre tienen la mayoría de votos? ¿Será la maquinaria o la compra de votos? Es fácil usar el radar para detectar la corrupción. Está en nuestras manos cambiar el rumbo de Colombia. A estas alturas, votar por los mismos de siempre nos hace cómplices.
Aunque parece que somos una estirpe sin segunda oportunidad sobre la tierra, existen opciones renovadoras. Candidatos que luchan por la justicia, los derechos, la libertad, que se preocupan por el bienestar del pueblo y no por su beneficio personal. Para Senado vale la pena revisar la trayectoria de: Jorge Enrique Robledo, Iván Cepeda, Angélica Lozano. En pro de las víctimas: Odorico Guerra y Luz Marina Bernal. Para la Cámara: María José Pizarro, Daniel Duque Velásquez, Soraya Bayuelo, Diego Andrés Cancino Martínez, Germán Navas.
Nuestro voto es crucial. La labor de los senadores y representantes a la Cámara define el rumbo de nuestro país. No es una votación cualquiera, debemos tener conciencia y compromiso a la hora de elegir. Todavía estamos a tiempo de leer propuestas, buscar información sobre los candidatos y prepararnos para votar.
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