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Opinión

Calidad en salud. Una necesidad inaplazable.

Es el tiempo de todos, y para todos, dice el nuevo presidente, es el proyecto de la vida. Frase que ojalá pueda cumplirse lo más pronto, para disminuir los rezagos que tenemos en la calidad de la atención, y no empecemos otra vez con los médicos descalzos de China. El mundo ha cambiado con la ciencia y necesitamos usar los conocimientos científicos para todos, disminuyendo la inequidad, pero bien usados orientados para salvar vidas que se pierden por la mala calidad de la atención.  

El crecimiento mundial, se ha hecho con un buen número de sucesos desfavorables contra la salud, los cuales persisten, con una gran cantidad de situaciones desastrosas, como la pobreza, la desnutrición, el desempleo, el alto consumo de drogas, asesinatos, violencia sexual, corrupción, impunidad, falta de justicia social, deterioro de la educación, perdida de las condiciones humanas, solidaridad, y abandono a las buenas costumbres o la unión familiar.  Al lado de estos eventos y otros más no mencionados, están los indicadores de salud que en los informes globales parecen haber mejorado, como se observa en los avances en el promedio de vida, de acuerdo a qué países o zonas territoriales se haga la valoración. En Colombia, por ejemplo, este promedio podría haber mejorado según el DANE. Por otro lado, de acuerdo con esta misma entidad, en 2021 la esperanza de vida para los colombianos es de 80 años para las mujeres y 73,7 años para los hombres en el total nacional. En 2020, este promedio era de 76 años, sin importar el sexo. Sin embargo, debido al fenómeno de envejecimiento poblacional que está viviendo el país, esta podría aumentar hasta 79 años en 2048. También informa el DANE en relación con el bienestar subjetivo de las personas de 15 años y más, los resultados de la Encuesta de Calidad de Vida, ECV 2021 altos niveles de satisfacción con la vida (calificación media de 8,0 puntos en una escala de 0 a 10).

Pero, si estos resultados nos dejan al menos satisfechos, también tenemos que reconocer aunque los grandes adelantos científicos cada día nos deslumbran con su avance vertiginoso, estos nuevos conocimientos, no le llegan sino a unos cuantos afortunados, y parecen tener pocos resultados cuando nos referimos a la calidad de los servicios médicos. Los cuales han aumentado en volumen pero difícilmente avanzan en ser mejores en calidad. De acuerdo con The Lancet Global Health Commission, grupo internacional, de gran prestigio, liderado por ilustres científicos de la talla de Margaret E Kruk, de la Escuela de Salud Pública de Harvard, se concluyó, que los sistemas de salud de alta calidad podrían salvar más de 8 millones de vidas al año, y que en los países de bajos a medianos recursos, cada año mueren más de 8 millones de personas por enfermedades que deberían ser tratables por el sistema de salud. Solamente, en el año 2015, esas muertes ocasionaron pérdidas económicas de 6 billones de dólares estadounidenses. La baja calidad asistencial, se constituye en un obstáculo mayor que el acceso suficiente para lograr disminuir la mortalidad. El 60% de las muertes por enfermedades susceptibles de tratamiento médico se deben a una baja calidad asistencial, mientras que el resto de los fallecimientos son consecuencia de no haber recurrido al sistema de salud. Los sistemas sanitarios de alta calidad podrían prevenir 2,5 millones de muertes por enfermedades cardiovasculares, un millón de muertes neonatales; 900.000 decesos por tuberculosis, y la mitad de todas las muertes maternas cada año. Es una medicina del montón con una calidad notoriamente disminuida, que empieza por falta de profesionales debidamente entrenados o especializados. De ahí en adelante conocemos la cadena de retrasos en la atención, dificultades en los diagnósticos, y en la iniciación de tratamientos que por ser costosos son evitados, sin saber que una vida no se puede comparar con ningún otro artículo.

Es el tiempo de todos, y para todos, dice el nuevo presidente, es el proyecto de la vida. Frase que ojalá pueda cumplirse lo más pronto, para disminuir los rezagos que tenemos en la calidad de la atención, y no empecemos otra vez con los médicos descalzos de China. El mundo ha cambiado con la ciencia y necesitamos usar los conocimientos científicos para todos, disminuyendo la inequidad, pero bien usados orientados para salvar vidas que se pierden por la mala calidad de la atención.  

Empecemos por usar el trabajo en equipo, para poder vencer tantas dificultades, para ayudar a salir adelante a tantas personas que nos necesitan. No podemos eliminar las EPS, que reconocemos tienen muchas deficiencias, sin tener un mejor plan de sustitución de la atención médica, porque podría ser peor el remedio que la enfermedad. 

Desconozco los planteamientos en Salud del nuevo presidente, pero es necesario que se busquen todos los recursos que sean necesarios, para dejar de ver morir a tantas personas que con acciones no solamente de aumento del acceso, se salven, mejoren, o curen, con una calidad ofertada y vigilada desde la visión científica y humanitaria, sin robos a la salud, que lideran los más grandes en nuestro país.

Los ministerios de salud no pueden conseguir cambios importantes por sí solos, por lo que deberían contar siempre con la empresa privada, la sociedad civil, el sistema educativo, la infraestructura, la comunicación, la tecnología, el transporte, la agricultura, el medio ambiente y principalmente las recomendaciones científicas. Mejorar la calidad en salud, aun cuando depende más de una decisión política, requiere el apoyo científico para su direccionamiento.

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