Hace un par de décadas todavía en Barranquilla se señalaban como ‘fuerzas vivas’ de la ciudad al conjunto de ciudadanos del sector privado que se reunían y se preocupaban por apoyar las iniciativas gubernamentales y también no oficiales que se creaban, desarrollaban y concedían grandes beneficios colectivos a la comunidad. En alguna ocasión, un grupo de estas personas incursionó en política confeccionando listas para el Concejo Municipal, algunos salieron elegidos pero pronto se aburrieron y se retiraron seguramente por no adaptarse a los vaivenes siempre conspicuos del ejercicio político. Nuestro amigo Álvaro Cepeda en el Diario del Caribe los llamó ‘bobales’.

Eran tiempos en donde los clubes rotarios, leones, Cámara Júnior, asociaciones de jubilados, de profesores, de literarios, de gran espíritu cívico se reunían, a veces románticamente, buscando la forma de cómo aportar a la causa ciudadana, cualquiera que esta fuese. Con los años, esta inclinación a participar, a colaborar, a formar parte de las decisiones públicas, se fue fortaleciendo y aparecieron con enorme fuerza gravitacional exitosa la estructuración de los gremios económicos, las cámaras colombo-americanas y similares de otros países, la academia con el vigor de universidades prestigiosas. Centros de estudio e investigación, cónsules de otros países. Asociaciones y clubes privados de diversa índole, inclusive con tintes religiosos.

Todo este movimiento que trajeron los años estructuró un sentido de pertenencia que antes no teníamos, pero si lo tenían, por ejemplo, los habitantes de Medellín o de Bucaramanga, según lo palpamos entonces. En el extranjero esto es muy común. En España el sector oficial trabaja mancomunadamente con el sector privado. Se hace presente a veces sin invitación. Alguna vez dictamos en Vallalodid una conferencia sobre turismo como enlace con las Américas, y al final de esta en el paraninfo de la universidad se nos acercaron dos secretarios del despacho del alcalde a ofrecernos su colaboración con un proyecto interesante. En Barranquilla hoy se programa una mesa redonda, una conferencia con tema importante, un foro, una reunión cívica, una interconsulta entre sectores y la respuesta es que las ‘fuerzas vivas’ de la ciudad están presentes, interesadas, apoyado, colaborando, respondiendo. Cartagena hace 20 años ensayó la formula y le resultó, a nosotros nos está resultando, los visitantes nacionales o extranjeros enseguida lo notan, lo sienten, lo palpan.

El Centro de Convenciones se ha erigido en un estandarte de esta estas convocatorias. Nos estaba haciendo falta. Nosotros lo dijimos años atrás en estas columnas decenas de veces. Es un factor aglutinante. Ya hay un lugar idóneo en capacidad multifuncional que le aporta a la ciudad lo que se necesitaba: poder de convocatoria. Y allí están estas fuerzas vivas de la ciudad, a veces entre bastidores, otras veces en primera fila mediática, dándole a la ciudad el respaldo a sus iniciativas. Debemos seguir en este proceso: a veces es invisible, o imperceptible, o disimulado. Pero ahí esta y es triunfal porque estructuralmente nos convierte en una fuerza creadora, trabajadora, sostenible, innovadora y defensora de lo que tenemos o podemos crear.