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Opinión

Desde el reino del “Ajá”

No se puede tapar el sol con un dedo ni defender lo indefendible: Frágiles y expuestos nos vemos como sociedad por la carencia casi absoluta de cultura ciudadana y sentido de lo público que ha quedado evidenciada en estas épocas de irrespetado aislamiento. Las imágenes de fiestas en aceras y hoteles, sepelios masivos con ataúd abierto, agresiones a policías y demás similares acentúan las flaquezas de este Reino del “Ajá” como respuesta a todo lo indefinible. Indefendible e indefinible. Esa es otra de las tantas ironías.

Pero, así como debe llamarse la atención y rechazar de manera vehemente este tipo de comportamientos errados, ya sea en éste o en muchos otros escenarios, en la misma medida no se puede negar que muy poco o nada se ha hecho históricamente desde ejecutivo y legislativo por entender y proponer cambios sociales en ese mismo “pueblo” que ahora se señala como inculto e irresponsable. Con esta misma gente de la que ahora reniegan se tomaban las fotos de los afiches en época electoral, de allí mismo salieron los mochileros y recolectores de planillas; y sobre ellos grababan slogans y jingles cuales flautistas de Hamelin para guiarlos al puesto de votación. En ese momento “pueblo” y “gente” eran palabras de bonito significado. Ahora no. Ahora son señaladas desde sus inmaculados púlpitos por no comportarse como nunca les dieron oportunidad, nunca lo fomentaron, y nunca lo asumieron. Como si fuera poco, desde ese mismo Olimpo se extrañan por la crítica y preguntan por lo que se supone hicieron mal. La respuesta está en el cine y la pronunció Kirk Douglas en la película “Senderos de Gloria”, por allá en 1957: El no saber la respuesta produce lástima. Podemos agregar ahora que también lastima. Sin tilde, pero con acento.

En la ignorancia, se cree entonces que la “mano dura”, el patrullaje policivo y las medidas punitivas son estrategias válidas para conseguir, literalmente a trancazos, que ese ahora malhadado pueblo entienda y acate las medidas encaminadas a prevenir una escalada en los contagios. Eso por sí solo no sirve.  Mejor convencer que obligar, todo en un justo equilibrio donde sea claro el respeto a las normas y a la autoridad, pero donde se cambie el garrote por las ideas construidas en conjunto, la concertación y la participación de numerosos actores públicos y privados; donde el disenso no se apunte con el dedo acusador y en donde quede claro, de una buena vez, que no somos imparables ni perfectos ni infalibles. Si esta pandemia no nos ha enseñado a ser humildes, que caiga el asteroide o que nos barra el viento que se llevó a Macondo.

No hay una sola respuesta, y tampoco una sola vía. Mucha de esa supuesta indisciplina social se arraiga en el hambre y en una sensación de resignada desesperanza. Tratemos primero de conocer y entender todas las aristas del problema y luego construyamos una solución, un proyecto. A lo mejor esta es la oportunidad para que, por fin, tengamos uno en el que quepamos todos.

asf1904@yahoo.com

@alfredosabbagh

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