Cada vez que en Colombia se habla del sector minero-energético, la conversación gira alrededor de ¿extraer o no extraer? Sin embargo, muy pocas veces nos detenemos a preguntarnos si conocemos realmente el subsuelo, sabemos sus condiciones geológicas, pero de manera rigurosa y no lo que encontramos en las redes sociales.
La historia demuestra que los países más desarrollados no construyeron su bienestar dejando intactos sus recursos naturales. Lo hicieron conociéndolos, administrándolos y aprovechándolos responsablemente. No existe una sola economía industrial que haya alcanzado altos niveles de desarrollo sin producir energía, sin extraer minerales o sin transformar esas materias primas en infraestructura, tecnología e industria.
Esa realidad es aún más evidente en este mundo moderno, que habla todo el tiempo de transición energética, inteligencia artificial, centros de datos, vehículos eléctricos y energías renovables, porque la demanda de recursos minero-energéticos no deja de crecer. La electricidad necesita cobre, aluminio y acero, las baterías requieren litio, níquel, grafito y otros minerales, la fabricación de paneles solares y turbinas eólicas consume enormes cantidades de minerales industriales y metales. Incluso la expansión de la inteligencia artificial depende de una infraestructura física construida con cemento, acero, cobre y una larga lista de materias primas.
En ese contexto, Colombia posee una enorme ventaja competitiva. Nuestro territorio alberga importantes recursos energéticos y minerales que pueden convertirse en uno de los principales motores del desarrollo nacional, aunque con unos desafíos muy importantes.
El mayor desafío, es entender que no se puede desarrollar aquello que no se conoce, por eso la exploración geológica no es un lujo académico, es la primera inversión que hace un país que quiere construir su futuro. Sin información geológica no es posible identificar nuevos recursos, atraer inversión, planificar el territorio, industrializar, ni desarrollar proyectos que fortalezcan la seguridad energética y la competitividad nacional.
El segundo desafío es hacer que las comunidades y la sociedad en general aprendan de geología, que puedan entender cosas como que el subsuelo se comporta y tiene condiciones muy diferentes a las que vemos en superficie, que conozcamos algunos principios geológicos básicos, además, entender la importancia de los recursos para el desarrollo y enseñar cómo se puede hacer control para que las actividades mineroenergéticas se puedan desarrollar de la manera más responsable y controlada posible.
El futuro del sector minero-energético colombiano no se puede quedar en solo escoger entre producir o conservar, debe avanzar más allá en conocer mejor nuestro territorio para producir con mayor responsabilidad, mayor tecnología y mayor valor agregado. Esa ha sido siempre la diferencia entre los países que administran su riqueza y aquellos que simplemente la contemplan.
Director Observatorio de Transición Energética del Caribe OTEC – Universidad Areandina








