La legendaria maestra de danza y coreografía Gloria Peña Castro ha cumplido 90 años de vida y más de 70 de trayectoria artística, un verdadero hito que sirve de ejemplo a las nuevas generaciones, porque después de nueve décadas su nombre sigue pronunciándose con el mismo respeto con el que se habla de las grandes figuras que han construido la identidad cultural de Barranquilla.

Su historia se ha escrito en escenarios, teatros y principales eventos del carnaval de nuestra tierra, y también ha sido trazada por los pasos que han dado las cientos de alumnas que encontraron en ella una maestra exigente, apasionada y convencida de que la danza es una forma de honrar la vida.

Celebrar sus 90 años es rendir tributo a una mujer que ha dedicado siete décadas a formar bailarinas, preservar las tradiciones y proyectar el folclor barranquillero ante el mundo. Y es que su legado no se detiene, continúa vivo en el barrio La Concepción gracias a las nuevas generaciones de su familia, especialmente por su nieta Ángela María, quien hoy mantiene encendida la llama de la histórica academia. Esto no quiere decir que la maestra Gloria se haya retirado, de ninguna manera; ella sigue al frente del proceso de formación de 40 niñas que ven en ella un modelo a seguir.

“Yo bailaré hasta el último de mis días y lo haré descalza, es así como me gusta hacerlo, porque me siento libre y poderosa”, le dijo a EL HERALDO desde la sede de la academia que fundó con la guía de su hermana Graciela ‘Gacho’ Peña.

Su historia en la danza comenzó en 1951, cuando su hermana mayor, Gacho Peña, fundó la academia que con el tiempo se convertiría en una de las instituciones de danza más emblemáticas de Barranquilla. Gloria llegó siendo apenas una adolescente para ayudar en las clases y, sin imaginarlo, encontró el camino que definiría toda su existencia.

Cuando Gacho se radicó en Estados Unidos, asumió la dirección de la escuela y transformó aquel reto en una verdadera misión de vida.

Desde entonces, varias generaciones crecieron entre barras de ballet, espejos y ensayos interminables bajo su mirada firme y el golpe de un palo contra el piso de madera con el que marca cada compás. Su disciplina es tan reconocida como su sensibilidad artística, porque para Gloria Peña cada alumna representa una oportunidad para dejar sembrado su legado. Para ella nunca bastó con aprender una coreografía, sino que cada movimiento debía transmitir elegancia, identidad y respeto por las raíces culturales.

Su nombre trascendió las paredes de la academia, convirtiéndose en una de las principales responsables de llevar el Carnaval de Barranquilla ante la Unesco durante el proceso que culminó con la declaratoria de la fiesta como obra maestra del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad en 2003, un hecho que consolidó su reconocimiento internacional.

Incluso sus conocimientos fueron bien absorbidos por algunas soberanas como Mirella Caballero, Silvana González Martelo, María Cecilia Donado, Laura Char, María Gabriela Diago y Angie De la Cruz, a quienes ayudó a montar sus espectáculos de Lectura de Bando y show de coronación.

Su aporte también está inmortalizado en la música, pues el inolvidable compositor currambero Adolfo Echeverría le dedicó el chandé Gloria Peña, convertido desde hace décadas en un himno carnavalero que resume, en sus versos, la admiración que la ciudad siente por la coreógrafa.

“Abanicos de colores, movimiento y elegancia / de la cumbia, sus faldones se mueven con arrogancia / allá viene la mujer que sí enseña en Barranquilla / Gloria Peña sabe mucho del arte y coreografía”, se le escucha cantar a Echeverría en la introducción del tema.

Tatiana Bonett, su alumna desde hace cuatro años, destaca que la disciplina aprendida en el salón también transforma la vida cotidiana.

“Es una maestra excelente, me inculcó que el ballet no solo cambia tu cuerpo, sino que también te enseña organización, disciplina y constancia. Tenerla como profesora es un verdadero privilegio”, dice.

El mayor orgullo para esta maestra nunca ha sido una medalla ni un aplauso, son palabras como las de Tatiana y las de otro centenar de alumnas las que la mantienen en pie, y cuenta que le enorgullece ver cómo muchas de ellas se convirtieron en bailarinas, coreógrafas, maestras y embajadoras del folclor colombiano dentro y fuera del país.

Sin lugar a dudas, Gloria Peña ha dejado miles de enseñanzas que ayudaron a los amantes de la danza a moldear sus vidas y especialmente a llenarlas de mucha disciplina, valor esencial para acercarse al éxito.

Entre reflexiones la maestra también invita a los jóvenes a hacer de la danza un estilo de vida, y a las autoridades locales a comprometerse con todas las expresiones artísticas.

“Está todo como quieto. Hay que impulsar, hacer intercambio, salir, mostrar este legado tan grande, tenemos un carnaval magnífico y hay que sostenerlo con decoro”.