Es el equipo de Néstor Lorenzo. A él no lo contrató la Federación Colombiana de Fútbol para complacer el gusto, la opinión y la exigencia de los 50 millones de colombianos. A él solo le entregaron la responsabilidad de convencer, con su liderazgo e ideas tácticas, a los 26 futbolistas que él convoque. Por eso eligió para los próximos dos partidos, ante Croacia y Francia, a un poco menos de 80 días del inicio del Mundial, a los que lo han acompañado en la mayor parte del camino pre mundialista.

A él no le interesa que David Ospina hoy no es ni siquiera titular en Nacional, pero cree en su experiencia y lo que representa. Él está priorizando la polifuncionalidad en la defensa de Cabal que su bajo nivel en la Juventus. Él está convencido de que James, no obstante, su inactividad competitiva por más de cuatro meses, es su líder y que alrededor de él diseñó su entramado táctico. Él confía que necesitan más minutos de los que le ofrecen en River Plate a Castaño y a Quintero que otra vez volvió a ser el jugador de recambio que siempre ha sido en el equipo argentino. A él le bastaron los cuatro o cinco goles que al inicio del año convirtió Santos Borré para reconciliarse con uno de sus preferidos, aunque no haya continuado con esa racha.

No cree que sea una instancia para cederle un espacio a algunos futbolistas que no han pertenecido a la legión que luchó y conquistó la clasificación (Villa, Enamorado, Deossa...). Él cree en los suyos, en los que se sintonizaron con su ideario, en los que, según él, más y mejor comprendieron su forma de conducir.

No hay muchas selecciones hoy que sean unos examinadores tan difíciles y desafiantes como lo son Francia y Croacia. Y, por eso, el técnico Néstor Lorenzo recurre a los ‘suyos’. A su equipo.