¡Catorce! son los aspirantes inscritos para competir por la presidencia, lo que nos muestra que en este país de locos se toman en serio la norma constitucional que afirma que cualquier ciudadano puede ser presidente. Claro, si lo fue Petro, apóstata, desquiciado y resentido, cualquiera se habilita. Ahora está de moda postularse a lo que sea, pues la gente no escucha sino lo de la reposición a ocho mil pesos por voto, así que se apunta a todo. Tenemos entonces un variopinto escenario donde se espera la primera encuesta que suponemos servirá de filtro desenmascarador, pues también muchos se apuntan para figurar como presidenciables, que lo consideran “puppy”.

Lo que parecen no haber entendido es la figura de la vicepresidencia, que si bien en la práctica está llamada a ser sólo eso, figura, los presidentes les asignan funciones ya sea como ministros de estado, o cualquier otro importante cargo que les dignifique la situación. Pero la realidad es que la Constitución los determina para remplazar al presidente en sus ausencias temporales o definitivas, quiere decir que su pensamiento y sus calidades deben ser por lo menos iguales a las de los candidatos presidenciales.

Pero no. Son escogidos como aporte electoral: si no tienen votos, ni los consideran. No importa que su mentalidad o su estilo sean diametralmente opuestos al sentir y pensar del candidato, lo que importa es que sumen unos voticos que podrían ser definitivos. Así, por ejemplo, Cepeda el malo, que todo el mundo sabe que es pro guerrilla y pro caos, en el caso de su vice, indígena, irrespetando al país la escoge porque mueve votación tribal. La podemos imaginar de presidente. Dirá él que la Quilcué no puede ser peor que Petro. Y así. El ejemplo más destacado es el de Paloma, hija del Centro Democrático de Uribe, adherido a lo formal. Pero le dieron vía libre a Oviedo, que sorprende asistir a las declaraciones de los más aguerridos uribistas irrespetando al país, sosteniendo que no importan las tendencias ni el pensamiento errático de su potencial remplazo, o sea, que lo que importan son los votos que puede sumar.

El único coherente es el tigre. Su vice no fue escogido para sumar votos, sino para aportar estructura y conocimiento. No será una figura electoral, sino un actor principal en su administración, alguien que le brinda confianza al país en caso de una ausencia presidencial. Es lo que destaca al Tigre: Su respeto por la letra y por el espíritu de las normas, lo que significa respeto por el país. ¡Firmes por la patria!

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