Interesado en que la salud tenga uno de sus componentes más importantes, deberíamos impulsar la necesidad del sostenimiento, como elemento clave y necesario de los programas de salud que permita la durabilidad y continuidad de la atención en salud, para que cada individuo tenga un prerequisito, para calidad de vida que al final termina siendo el elemento más importante para cualquier comunidad, país o región.
¿Quieres ser rico o saludable? La respuesta es evidente, no se necesita ser rico para ser saludable, y no solamente los ricos son saludables. Sin negar que el tener buenas condiciones económicas, aun sin ser rico, permite gozar de elementos que, permiten ser más saludables a las personas, empezando por los servicios públicos básicos. Esta desigualdad confirmada plenamente en algunos países, como Colombia, ha traído una lucha de clases y de hermanos, totalmente inútil, demostrada en los últimos años, durante la existencia de gobiernos denominados de izquierda, que dicen luchar por los intereses de los pobres, con métodos de paternalismo, de dadivas y de soluciones equivocadas, al menos, en nuestros tiempos, no han dado resultados. Sin negar que algunos buenos resultados se han dado en las dos posiciones políticas, pareciera que ambas olvidaron las bases de la salud pública con el apoyo y participación de instituciones y personas que se han especializado en los temas económicos, epidemiológicos, y de salud en general, que con la idea central de ayudar a la humanidad, se ayudaría a lograr uno de los triunfos más importantes de carácter universal, la sostenibilidad financiera de los programas de salud.
En referencia al documento escrito por María Luisa Marinho, Oficial de Asuntos Sociales de la División de Desarrollo Social de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), se concluye:
“La salud es un derecho humano fundamental y, un pilar esencial para el desarrollo social inclusivo y sostenible. La meta 3.8 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) insta a garantizar la cobertura sanitaria universal (CSU), asegurando el acceso a servicios de salud esenciales con protección financiera.
Sin embargo, América Latina y el Caribe enfrenta, múltiples desafíos estructurales en sus sistemas de Salud, en un contexto de una crisis del desarrollo marcada por trampas del desarrollo que limitan su avance.
Es urgente la necesidad de transformar los modelos de desarrollo de la región y, fortalecer los sistemas de salud mediante un aumento sostenido y eficiente del financiamiento público. Los países deben invertir al menos el 6% del PIB en salud pública según la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), para lograr un impacto significativo en protección financiera y reducir el gasto de bolsillo a menos del 20% del gasto total en salud, el ejercicio realizado en este documento sugiere la inversión de un 6,7% del PIB para de esta forma garantizar la sostenibilidad financiera de los sistemas de salud e implementar exitosamente las inversiones requeridas para reducir las desigualdades y avanzar hacia la Capacidad Sanitaria Universal.
Tenemos la necesidad de utilizar, no solo los recursos económicos, sino también los adelantos científicos y tecnológicos de nuestra época







